BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Vengo de otras aventuras
anchas como boca de amapola y,
en el pie conquistado, dibujan
su tierna voz de esclavo.
Procedo de muchas latitudes,
no en vano soy el mar, y las liturgias
antiguas no me desmerecen ni
resguardan del crepúsculo o del ocaso.
En ellas guardo todo mi patrimonio:
células sin consentimiento, navegables
formas. Espigas destruidas con el afán
de un solo dedo. Y en la mirada, qué
buscas, orfandad de un único ojo?
Quizás aquel espacio entreabierto
como una techumbre de estación axial.
O acaso, el mandamiento triste de una
religión que no te compete analizar.
Perfume sanguinolento que salta a la vista
no ser más que un titubeo de rosas apacibles.
Y en la latitud o itinerario distinto,
una sonrisa como de gato enajenado
que busca su pronta restauración, ermitaño
en jaula.
©
anchas como boca de amapola y,
en el pie conquistado, dibujan
su tierna voz de esclavo.
Procedo de muchas latitudes,
no en vano soy el mar, y las liturgias
antiguas no me desmerecen ni
resguardan del crepúsculo o del ocaso.
En ellas guardo todo mi patrimonio:
células sin consentimiento, navegables
formas. Espigas destruidas con el afán
de un solo dedo. Y en la mirada, qué
buscas, orfandad de un único ojo?
Quizás aquel espacio entreabierto
como una techumbre de estación axial.
O acaso, el mandamiento triste de una
religión que no te compete analizar.
Perfume sanguinolento que salta a la vista
no ser más que un titubeo de rosas apacibles.
Y en la latitud o itinerario distinto,
una sonrisa como de gato enajenado
que busca su pronta restauración, ermitaño
en jaula.
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