EllieWoonlon
Achís
Martes, tres de la mañana.
Vuelven los mismos pesares,
traen al insomnio como una plaga.
Martes, tres de la mañana,
No tengo sueño, y estoy cansada.
"Por favor, duerme", me repito como consuelo.
No me hago caso, despierta me quedo.
Y pienso... en mis errores.
Que no he vuelto a cometer,
pero que para mí se repiten, de mí se ríen.
Duerme, por favor, duérmete; ¡hazme los honores!
Martes, tres y cinco de la mañana.
Creí dormir por una hora,
y al espabilar vi la almohada.
El reloj marcó minutos, no dormí nada,
¿qué hago ahora?
Martes, tres y siete de la mañana...
Y pasaron siete minutos más,
"Ah... a esta hora me despedí, tantas veces",
pensé, mirando al techo.
Y cerré los ojos, para descansar.
Un rubor contuvo gotas de aquel centro.
El alma es el centro, como un núcleo.
Aquello con lo que oímos al sordomudo,
aquello con lo que apreciamos un dibujo.
Las pupilas, ah... Las ventanas a un alma,
a otro mundo.
Martes, al mediodía; dormí como una bendita.
La noche se llevó mi amargura, con sueños,
había muchos colores, ¡hurra!, ya pasé lo más feo.
Martes, al mediodía; me sentía renovada, tranquila.
Porque no he visto esos ojos, ah... No puedo, no lo lamento...
Pero así tampoco lo recuerdo.
Vuelven los mismos pesares,
traen al insomnio como una plaga.
Martes, tres de la mañana,
No tengo sueño, y estoy cansada.
"Por favor, duerme", me repito como consuelo.
No me hago caso, despierta me quedo.
Y pienso... en mis errores.
Que no he vuelto a cometer,
pero que para mí se repiten, de mí se ríen.
Duerme, por favor, duérmete; ¡hazme los honores!
Martes, tres y cinco de la mañana.
Creí dormir por una hora,
y al espabilar vi la almohada.
El reloj marcó minutos, no dormí nada,
¿qué hago ahora?
Martes, tres y siete de la mañana...
Y pasaron siete minutos más,
"Ah... a esta hora me despedí, tantas veces",
pensé, mirando al techo.
Y cerré los ojos, para descansar.
Un rubor contuvo gotas de aquel centro.
El alma es el centro, como un núcleo.
Aquello con lo que oímos al sordomudo,
aquello con lo que apreciamos un dibujo.
Las pupilas, ah... Las ventanas a un alma,
a otro mundo.
Martes, al mediodía; dormí como una bendita.
La noche se llevó mi amargura, con sueños,
había muchos colores, ¡hurra!, ya pasé lo más feo.
Martes, al mediodía; me sentía renovada, tranquila.
Porque no he visto esos ojos, ah... No puedo, no lo lamento...
Pero así tampoco lo recuerdo.