Miguel Mercurio
Poeta recién llegado
Me deleito ante vosotros
admirados monumentos.
Plazas, puentes, fortalezas,
catedrales y otros templos,
la gigante y excelsa herencia
de talentosos ancestros
con sacrificada mano.
¡Ahora absorto os observo!
Han sufrido vuestras piedras
fuertes vientos, aguaceros
y otros rigores por siglos,
mas permanecéis enhiestos
concediendo solamente
unos diminutos huecos
para ofrecerles morada
a los perdidos secretos.
También os corteja el sol,
claro pretendiente eterno,
cuando se presenta como
milenario compañero
de amaneceres y ocasos,
de ilusiones y de sueños
y os manda áureas lisonjas
desde el fulgor de su atuendo.
Decidme vosotros, nobles
testigos de aquellos tiempos
de contiendas infinitas
y amores en movimiento.
Decidme si seguiréis
siendo de poetas versos
en vuestros mismos lugares
si algún día yo perezco.
admirados monumentos.
Plazas, puentes, fortalezas,
catedrales y otros templos,
la gigante y excelsa herencia
de talentosos ancestros
con sacrificada mano.
¡Ahora absorto os observo!
Han sufrido vuestras piedras
fuertes vientos, aguaceros
y otros rigores por siglos,
mas permanecéis enhiestos
concediendo solamente
unos diminutos huecos
para ofrecerles morada
a los perdidos secretos.
También os corteja el sol,
claro pretendiente eterno,
cuando se presenta como
milenario compañero
de amaneceres y ocasos,
de ilusiones y de sueños
y os manda áureas lisonjas
desde el fulgor de su atuendo.
Decidme vosotros, nobles
testigos de aquellos tiempos
de contiendas infinitas
y amores en movimiento.
Decidme si seguiréis
siendo de poetas versos
en vuestros mismos lugares
si algún día yo perezco.