BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay un inútil cacareo de gallos,
que presienten su profanación,
temprano, en la madrugada de nieve.
Hay un profesor derribado, cuyo pedestal
exige un tributo excesivo.
Hay una agradable equivalencia entre
las tareas de los estudiantes, de los niños
descalzos; sombríos estratos de llantas neumáticas.
Hay un cúmulo indecible de paraguas
solicitados, dependientas de batas negras,
cuyo único consuelo es mantenerse erguidas.
Hay un lugar donde todo se desaprovecha;
donde, inútilmente, las palabras se amontonan
y casi todo crece muerto, estéril, caduco o vacío.
Y hay sitios en que la vida crece de nuevo,
como una letra exigua esperando ser anunciada-.
©
que presienten su profanación,
temprano, en la madrugada de nieve.
Hay un profesor derribado, cuyo pedestal
exige un tributo excesivo.
Hay una agradable equivalencia entre
las tareas de los estudiantes, de los niños
descalzos; sombríos estratos de llantas neumáticas.
Hay un cúmulo indecible de paraguas
solicitados, dependientas de batas negras,
cuyo único consuelo es mantenerse erguidas.
Hay un lugar donde todo se desaprovecha;
donde, inútilmente, las palabras se amontonan
y casi todo crece muerto, estéril, caduco o vacío.
Y hay sitios en que la vida crece de nuevo,
como una letra exigua esperando ser anunciada-.
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