Nocturna confesión.

AhabWerther

Poeta recién llegado


La noche no es del todo
un pretexto suficiente,
pero esa idea no he podido
arrancarla de mi mente.

Quizá cuando amanezca
el deseo se torne en culpa;
pero habrá tiempo ya entonces
para justificar el olvido.
Por lo pronto, en nuestro nombre pido,
que se pierdan en las sombras esas voces;
para que sea el perfume delicado de tu ropa,
lo que cubra mi piel cuando tu voz perezca.

En la distancia el viento
grita: ¡que se acerca la tormenta!
Mientras tu último aliento
me musita: es la muerte que se viene lenta.

¡Un golpe en el pecho me detiene
al tiempo que tu cuerpo
se disuelve entre mis brazos!
¡Y esa risa tuya que creí perenne,
se confunde ahora con el polvo
que levantan mis entumecidos pasos!

La grieta en mis ojos se revienta,
desbordando incontenible el llanto.
Y el grito que se ahoga en mi garganta
desgarra las notas de tu canto.

¡Gritando estoy tu nombre en el abismo!
¡Vuelve a mi piel, mujer encantadora!
¡Noche cruel, que todo lo devora,
arráncame la vida o destíname al olvido!

La noche no es pretexto, y sin embargo,
me abrazo a la piedra que ostenta tu nombre.
La noche no es pretexto, y sin embargo,
la lluvia, lenta, diluirá mi sangre.


 
Agradezco sinceramente tu comentario a mi trabajo. Es grato que resurja este poema, que comenzaba a empolvarse con el tiempo. Saludos, y gracias, de nueva cuenta.
 
Versos tristes con un ritmo agradable a quien lo lee, donde plasmas sutilmente melacolía y nostalgia tomadas de la mano.
Ha sido un gusto leer tu obra.
Saludos:)
 


La noche no es del todo
un pretexto suficiente,
pero esa idea no he podido
arrancarla de mi mente.

Quizá cuando amanezca
el deseo se torne en culpa;
pero habrá tiempo ya entonces
para justificar el olvido.
Por lo pronto, en nuestro nombre pido,
que se pierdan en las sombras esas voces;
para que sea el perfume delicado de tu ropa,
lo que cubra mi piel cuando tu voz perezca.

En la distancia el viento
grita: ¡que se acerca la tormenta!
Mientras tu último aliento
me musita: es la muerte que se viene lenta.

¡Un golpe en el pecho me detiene
al tiempo que tu cuerpo
se disuelve entre mis brazos!
¡Y esa risa tuya que creí perenne,
se confunde ahora con el polvo
que levantan mis entumecidos pasos!

La grieta en mis ojos se revienta,
desbordando incontenible el llanto.
Y el grito que se ahoga en mi garganta
desgarra las notas de tu canto.

¡Gritando estoy tu nombre en el abismo!
¡Vuelve a mi piel, mujer encantadora!
¡Noche cruel, que todo lo devora,
arráncame la vida o destíname al olvido!

La noche no es pretexto, y sin embargo,
me abrazo a la piedra que ostenta tu nombre.
La noche no es pretexto, y sin embargo,
la lluvia, lenta, diluirá mi sangre.




Intenso tu poema, dibuja perfecto el sentimiento, muy buen trabajo... Besos.
 

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