Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Ella lidia en la batalla
y avanza entre escombros de mapas que fueron
ciudades imaginarias.
Ella lucha contra un insomnio
de muerto vigilante
que no distingue entre el despertar y la pesadilla.
Ella combate contra una estatua
abierta al mineral del asombro,
pero cerrada al aliento vital de la maravilla.
Ella enfrenta el toro derribado
de un corazón que la embiste,
y acaricia el cordero de una voz que no la salva.
Ella pelea contra un enemigo
que pelea contra sí mismo:
tan acabado está que solo espera que ella gane.
Ella se abalanza contra espectros
y no conoce la derrota,
pero solo su mirada no está perdida.
Aún es cielo abundante lo que sus ojos prometen.
Puesto de manzanas al margen del paraíso;
tren que no conoce estación de carga;
una estrella en actitud de profecía;
agua dulce de maguey en llamas;
cántaro de sal con peces de música;
y definitivamente, la razón de mi vida.
Ella no se arredra ante los episodios de soledades desconocidas:
un pendón ya victorioso ondea en lo alto de su pecho,
aunque solo avance un paso y gane una nube
para sembrarla entre las piedras de un inhóspito territorio.
Quizás intuye que no todo será visitar las tumbas.
Cultivaremos luces, encenderemos flores.
Fragantes e iluminados,
nos encontraremos en la noche del tiempo
donde un olvido pasará de largo.
Ella no se arredra:
se abalanza, pelea, enfrenta, combate, lucha, lidia…
Lidia.
¡Lidia siempre!
y avanza entre escombros de mapas que fueron
ciudades imaginarias.
Ella lucha contra un insomnio
de muerto vigilante
que no distingue entre el despertar y la pesadilla.
Ella combate contra una estatua
abierta al mineral del asombro,
pero cerrada al aliento vital de la maravilla.
Ella enfrenta el toro derribado
de un corazón que la embiste,
y acaricia el cordero de una voz que no la salva.
Ella pelea contra un enemigo
que pelea contra sí mismo:
tan acabado está que solo espera que ella gane.
Ella se abalanza contra espectros
y no conoce la derrota,
pero solo su mirada no está perdida.
Aún es cielo abundante lo que sus ojos prometen.
Puesto de manzanas al margen del paraíso;
tren que no conoce estación de carga;
una estrella en actitud de profecía;
agua dulce de maguey en llamas;
cántaro de sal con peces de música;
y definitivamente, la razón de mi vida.
Ella no se arredra ante los episodios de soledades desconocidas:
un pendón ya victorioso ondea en lo alto de su pecho,
aunque solo avance un paso y gane una nube
para sembrarla entre las piedras de un inhóspito territorio.
Quizás intuye que no todo será visitar las tumbas.
Cultivaremos luces, encenderemos flores.
Fragantes e iluminados,
nos encontraremos en la noche del tiempo
donde un olvido pasará de largo.
Ella no se arredra:
se abalanza, pelea, enfrenta, combate, lucha, lidia…
Lidia.
¡Lidia siempre!
07 de septiembre de 2017