Lexema
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ha muerto la tarde
Escucho entre cortado
el luto de las aves,
el sollozo de los grillos
iluminados por el cocuyo
Su cadáver yace
en la espalda de la
encorvada montaña
Por donde rodó
su sangre apagada
La arena la extraña
miestras recuerda
su cálida sonrisa
entre lágrimas
que vienen y van
Un paisaje gris tumba
cubre su cuerpo frío
Una angustia de cielo,
envoltorio para sudar
el sudario en la catacumba
El gélido nicho está listo,
se alcanza a ver
su negra boca,
su negro vientre,
y su negra muerte
Puede haber reposo
en tan estrecho hueco
sin poder siquiera
rascarse el último hueso?.
Sufrir en vida y en muerte
A lo lejos, van llegando
de a pocas las dolientes.
Velas en sus manos
tiritando en el gris
fúnebre que oscurece
Cómo mueren los átomos,
cómo se extingue el cometa
y solo queda la estela
en las sienes de los astros.
La tarde ha muerto.
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