Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Creció la hierbabuena entre tus dedos,
la solidez del aroma no rehuye las caricias,
fluidas las horas aún desnudas, marchan
cuando todo amarillo sólo un punto, gira
y dicen los astros, que algo hicieron ellos
como almas gemelas, miran
en el azul, el suelo
y los pies, que como barcos navegan
por esos ríos de tinta
abren verdes las gargantas
profundos cortes de las venas, en el pasto,
la sangre en la madrugada
guarda notas de la noche,
grillos con pieles de almohada
sujetos al calor de las sienes
terrones de melancolía
en el lagrimal de tus ojos;
¿de qué color es la sangre de los caminos del alba?
Florece la hierbabuena, repentinamente,
y labra la tierra mojada moldes
de tu imperfecta huella
por donde discurren las horas
que tienen en mí su destino.