Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Fuimos tras la nata de nuestras bocas
montados en la misma sed que nos espesó la sangre.
Bebimos horas de ademanes de cortinas,
café de dedos asombrados
con limón de pupilas muchas veces.
Nos reímos de nosotros
hasta que se nos descosió el sol del paraguas
y tuvimos que volar en lila sobre nuestra sombra
con las jacarandas escondidas tras los ojos
para desterrarnos al jardín bajo las sábanas.
Nos tendimos en el mapa del Edén como un charco
donde quemamos cada nube antes consumirnos
entre tantas plumas de cielo derrumbado.
De tus pestañas que caían en mi lengua
retoñaban vientos de palabra contra el muro,
epifanías de libertad sin puntos ciegos.
Mi pulso arengaba tus labios para que resonaras
y latías en tus rodillas hasta alcanzar el puño.
El rebaño de tus ecos era el proceder del arte:
estaba prohibido morir
sin haber perdido primero todos los combates.
Eran tiempos de igualar lo desigual,
de corregir lo torcido, de torcer lo correcto,
de intentar la suma de dos hasta alcanzar el uno.
Pronunciaste mi voz, te escuchaste en la mía,
y nos volvimos sordos para decir adiós.
montados en la misma sed que nos espesó la sangre.
Bebimos horas de ademanes de cortinas,
café de dedos asombrados
con limón de pupilas muchas veces.
Nos reímos de nosotros
hasta que se nos descosió el sol del paraguas
y tuvimos que volar en lila sobre nuestra sombra
con las jacarandas escondidas tras los ojos
para desterrarnos al jardín bajo las sábanas.
Nos tendimos en el mapa del Edén como un charco
donde quemamos cada nube antes consumirnos
entre tantas plumas de cielo derrumbado.
De tus pestañas que caían en mi lengua
retoñaban vientos de palabra contra el muro,
epifanías de libertad sin puntos ciegos.
Mi pulso arengaba tus labios para que resonaras
y latías en tus rodillas hasta alcanzar el puño.
El rebaño de tus ecos era el proceder del arte:
estaba prohibido morir
sin haber perdido primero todos los combates.
Eran tiempos de igualar lo desigual,
de corregir lo torcido, de torcer lo correcto,
de intentar la suma de dos hasta alcanzar el uno.
Pronunciaste mi voz, te escuchaste en la mía,
y nos volvimos sordos para decir adiós.
01 de septiembre de 2018