Birbiloke
Poeta adicto al portal
Una hoja en blanco.
Me perfumo ...sí,
para mí.
Agua de niño pequeño
aromas de hierbas silvestres,
ahora qué uno pasó
el intermedio de la madurez
y aprende contra su voluntad
a envejecer,
cómo una fruta temprana,
moras en mis labios,
por el puente de la incertidumbre
dejando su lozanía y belleza
en otro tiempo donde renacer.
Me despierto enajenado
cómo pez sin oxigeno
y parecen sinceros arrebatos
de un día más.
Esa rutina qué nos hace ser,
mediocres en nuestra existencia.
Esa vida mía,
más allá de la muerte
y el viento se lleva las páginas de mis palabras
y me esparce en un cielo limpio y azul.
Y llegan delfines amazónicos
a mi versar, juguetean conmigo en el agua,
algún atrevido me toca mis partes,
eso no te lo consiento.
Te cortaré la aleta y te enviaré a la orilla
donde nacen las raíces de los árboles
para que aprendas de su silencio majestuoso
y te enredes en su savia.
A quién le interesa hacer de la vida sus primeros pasos.
Pero nadie sabe.
Me perfumo ...sí,
para mí.
Agua de niño pequeño
aromas de hierbas silvestres,
ahora qué uno pasó
el intermedio de la madurez
y aprende contra su voluntad
a envejecer,
cómo una fruta temprana,
moras en mis labios,
por el puente de la incertidumbre
dejando su lozanía y belleza
en otro tiempo donde renacer.
Me despierto enajenado
cómo pez sin oxigeno
y parecen sinceros arrebatos
de un día más.
Esa rutina qué nos hace ser,
mediocres en nuestra existencia.
Esa vida mía,
más allá de la muerte
y el viento se lleva las páginas de mis palabras
y me esparce en un cielo limpio y azul.
Y llegan delfines amazónicos
a mi versar, juguetean conmigo en el agua,
algún atrevido me toca mis partes,
eso no te lo consiento.
Te cortaré la aleta y te enviaré a la orilla
donde nacen las raíces de los árboles
para que aprendas de su silencio majestuoso
y te enredes en su savia.
A quién le interesa hacer de la vida sus primeros pasos.
Pero nadie sabe.