Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Como cada amanecida
el reloj de la mesilla
interrumpe mis ensueños
a golpes de fría espada,
introduce a trompicones
su intimidad de serpiente
entre mis dedos vacíos
que desnudan su manzana;
me despierta
con su cuaderno de deberes
bajo el brazo
con sus paréntesis
de primaveras dormidas
con la protesta
de instantes derramados
sin acciones
en el calor verde
de las sábanas que anhelo.
Como cada amanecida
la puerta de la nevera
se muestra fría conmigo
no maquilla sus blancos
de Diana cazadora
con señal alguna
que indiquen tu venida;
el negro café del desayuno
no podrá renunciar por ahora
a la noche que le envuelve,
las camisas tendrán que esperar
su revolución en los armarios
los cepillos de dientes
su compañía, de espumas
en los espejos;
hay libros que pienso regalarte
cuando vengas
que mueren de deseos
que los abras
desnudos de su piel de colorines,
mostrándote
el calor que llevan dentro.
Como cada amanecida
hay tanto de ti que echo de menos
que siento que hasta el aire va de luto
y veo suspirando hasta mi cama
por la ausencia
de tus zapatillas
bajo sus huesos.
el reloj de la mesilla
interrumpe mis ensueños
a golpes de fría espada,
introduce a trompicones
su intimidad de serpiente
entre mis dedos vacíos
que desnudan su manzana;
me despierta
con su cuaderno de deberes
bajo el brazo
con sus paréntesis
de primaveras dormidas
con la protesta
de instantes derramados
sin acciones
en el calor verde
de las sábanas que anhelo.
Como cada amanecida
la puerta de la nevera
se muestra fría conmigo
no maquilla sus blancos
de Diana cazadora
con señal alguna
que indiquen tu venida;
el negro café del desayuno
no podrá renunciar por ahora
a la noche que le envuelve,
las camisas tendrán que esperar
su revolución en los armarios
los cepillos de dientes
su compañía, de espumas
en los espejos;
hay libros que pienso regalarte
cuando vengas
que mueren de deseos
que los abras
desnudos de su piel de colorines,
mostrándote
el calor que llevan dentro.
Como cada amanecida
hay tanto de ti que echo de menos
que siento que hasta el aire va de luto
y veo suspirando hasta mi cama
por la ausencia
de tus zapatillas
bajo sus huesos.