BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Anillos que perdí por el camino
suculentos trazos de imágenes imprevistas
inmateriales vestigios de una razón insoportable
la lucidez acometida con un vértigo de caparazones
ridículos o adornos ineptos. Mi vida, ese lienzo
que ulula y resplandece en breves violencias.
Tiro los anillos para desvanecerme, espíritus contrariados
dónde hallar la materia inverosímil que penetra
todos los augurios, vacilan las luces del mediodía.
En tu cuerpo hallé materiales indecisos cavernas rígidas como monumentos
abstraídos, y esa impaciencia que genera cruces de diamantes inoportunos.
Maderas, lazos, melodías inciertas, trazos hechos a la luz
de un tallo resucitado en la senda atrofiada.
Me vestí de necio comendador en la torre de los comensales
vestí mi tercio con banderillas alcanforadas y útiles de escuela
ese cerdo rítmico que habitaba las costumbres de los escolares
en su rugido invernal acalorado.
Perdí las joyas los sonidos las treguas pausas
los libros eméticos las palabras sordas a futuros igualitarios
dónde vestí, pues, mi habitación confusa, la utilitaria belleza
de una nación de cansados atletas?
Sí, aquí mudé mi dormitorio, entre las aletas adormecidas
de un escualo gigante, cola embadurnada de sacos de almendras,
aquí deserté de los labios de una preciosa embetunada.
Lo que surge, ese dolor íntimo de tener la espalda carcomida,
quemada por la vida y el sosiego despierto de la senectud más discordante;
duerme pues, hijo del vecindario, desierto de ganas y voluntades,
espiga o trozo de corteza troncada, donde hacen el amor
los paraguas y las maletas vacías-.
©
suculentos trazos de imágenes imprevistas
inmateriales vestigios de una razón insoportable
la lucidez acometida con un vértigo de caparazones
ridículos o adornos ineptos. Mi vida, ese lienzo
que ulula y resplandece en breves violencias.
Tiro los anillos para desvanecerme, espíritus contrariados
dónde hallar la materia inverosímil que penetra
todos los augurios, vacilan las luces del mediodía.
En tu cuerpo hallé materiales indecisos cavernas rígidas como monumentos
abstraídos, y esa impaciencia que genera cruces de diamantes inoportunos.
Maderas, lazos, melodías inciertas, trazos hechos a la luz
de un tallo resucitado en la senda atrofiada.
Me vestí de necio comendador en la torre de los comensales
vestí mi tercio con banderillas alcanforadas y útiles de escuela
ese cerdo rítmico que habitaba las costumbres de los escolares
en su rugido invernal acalorado.
Perdí las joyas los sonidos las treguas pausas
los libros eméticos las palabras sordas a futuros igualitarios
dónde vestí, pues, mi habitación confusa, la utilitaria belleza
de una nación de cansados atletas?
Sí, aquí mudé mi dormitorio, entre las aletas adormecidas
de un escualo gigante, cola embadurnada de sacos de almendras,
aquí deserté de los labios de una preciosa embetunada.
Lo que surge, ese dolor íntimo de tener la espalda carcomida,
quemada por la vida y el sosiego despierto de la senectud más discordante;
duerme pues, hijo del vecindario, desierto de ganas y voluntades,
espiga o trozo de corteza troncada, donde hacen el amor
los paraguas y las maletas vacías-.
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