Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
PAISAJES. DIANA XIV.
La ceniza del fuego eterno,
viste a la noche y sus estelares,
te recuerdo recostada en un sueño,
con los ojos tristes
haciendo tu pelo, cometas al aire.
La guadaña abrió el pecho de un cisne,
de allí salio un relicario con tu retrato,
más guardo el blanco de su plumaje,
el negro de tus ojos
brisa que recorrió el último aliento,
si callo de lado, no importa,
de rojo se vistió la laguna,
reventó en claveles, también los cielos,
¿Qué quieres, sepulturero?
¿Enterrar el relicario? o dejar,
¿Qué los fantasmas lloren la muerte de un cisne?
Canta sin lira, en una esquina del inframundo,
un cadáver, tus alabanzas,
más que replica en suspiros, el estribillo,
lanzando soniquetes a los cuatro vientos,
que dicen que tu talento, Diana
será perpetuo en la fuente de los deseos.
Tras una sombra se esconde,
el pasado y el presente de un verso,
ni lo escribió nadie, ni es anónimo,
es el deseo proscrito de un dios y un sueño,
cayeron se los crespones de los ojos,
las viudas de los silencios,
quisieron ser llantos sin boca.
Los océanos de sangre adoran el color argenta,
espuma entre rosa y blanca,
ola entre beso y rompeolas,
deseo entre barca y puerto,
de remeros muertos esta el mundo lleno,
de paisajes repetidos, los arcos
de los claustros de los sueños.
Si vivió la vida por ti, linda Cazadora,
si se dejo sorprender por la muerte, en una trampa,
si le mordió la frente los perros
que no gastan cuerpo y son dientes de muerte,
¿Por qué a veces, te pierdes entre tus paisajes?
¿Cuando eres luz que ciega los espacios abiertos?
"Quien pudiera mirarte, con los ojos abiertos,
sabiendo que eres más grande, como mujer,
que como deidad de un universo, de ensueño".
La ceniza del fuego eterno,
viste a la noche y sus estelares,
te recuerdo recostada en un sueño,
con los ojos tristes
haciendo tu pelo, cometas al aire.
La guadaña abrió el pecho de un cisne,
de allí salio un relicario con tu retrato,
más guardo el blanco de su plumaje,
el negro de tus ojos
brisa que recorrió el último aliento,
si callo de lado, no importa,
de rojo se vistió la laguna,
reventó en claveles, también los cielos,
¿Qué quieres, sepulturero?
¿Enterrar el relicario? o dejar,
¿Qué los fantasmas lloren la muerte de un cisne?
Canta sin lira, en una esquina del inframundo,
un cadáver, tus alabanzas,
más que replica en suspiros, el estribillo,
lanzando soniquetes a los cuatro vientos,
que dicen que tu talento, Diana
será perpetuo en la fuente de los deseos.
Tras una sombra se esconde,
el pasado y el presente de un verso,
ni lo escribió nadie, ni es anónimo,
es el deseo proscrito de un dios y un sueño,
cayeron se los crespones de los ojos,
las viudas de los silencios,
quisieron ser llantos sin boca.
Los océanos de sangre adoran el color argenta,
espuma entre rosa y blanca,
ola entre beso y rompeolas,
deseo entre barca y puerto,
de remeros muertos esta el mundo lleno,
de paisajes repetidos, los arcos
de los claustros de los sueños.
Si vivió la vida por ti, linda Cazadora,
si se dejo sorprender por la muerte, en una trampa,
si le mordió la frente los perros
que no gastan cuerpo y son dientes de muerte,
¿Por qué a veces, te pierdes entre tus paisajes?
¿Cuando eres luz que ciega los espacios abiertos?
"Quien pudiera mirarte, con los ojos abiertos,
sabiendo que eres más grande, como mujer,
que como deidad de un universo, de ensueño".
Juanjota.
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