pequeña anie
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cierra la puerta
y que el mundo se quede afuera,
deja que el cielo a oscuras
nos guarde el secreto.
las sábanas de seda húmeda
entre el sudor de los gemidos
se acoplan a la piel ardiente
y se deshilachan en suspiros.
En la suavidad del lecho de fuego
ella recita febril un único ruego,
se vuelven hierro candente activos
y son cazadores de deseos furtivos.
La sangre como lava fluye sin fin,
él, tatuado con uñas en la espalda
suelta el triunfo sobre su amada
y ella en un mar de placer grita.
Hasta el amanecer se extienden
no importan las horas que pasan
son solos ellos y sus entregas,
la noche se hace cálida y eterna.
y que el mundo se quede afuera,
deja que el cielo a oscuras
nos guarde el secreto.
las sábanas de seda húmeda
entre el sudor de los gemidos
se acoplan a la piel ardiente
y se deshilachan en suspiros.
En la suavidad del lecho de fuego
ella recita febril un único ruego,
se vuelven hierro candente activos
y son cazadores de deseos furtivos.
La sangre como lava fluye sin fin,
él, tatuado con uñas en la espalda
suelta el triunfo sobre su amada
y ella en un mar de placer grita.
Hasta el amanecer se extienden
no importan las horas que pasan
son solos ellos y sus entregas,
la noche se hace cálida y eterna.
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