BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay hilos que se descuelgan solos
madejas sonoras que rompen el hastío
estridencias de un solo resorte que emocionan
y un largo canal angosto donde el aire no penetra.
Hay escuálidas figuras anodinas, poblando la tierra
con sus jugos, un cilindro que actúa subterráneo,
y un sinfín de vegetales desechos sobre el asfalto.
Unas cuantas barajas de naipes contaminadas por el hielo,
de otros cielos divinos que adormecen los senos de las piedras,
durmiendo serenamente sobre la estructura de tu espalda.
Hormigas que se toleran con carpetas y documentos,
plumones digeridos por un ave carroñera, termitas rígidas
como cuadros de un genio.
Hay esas vacilaciones prensadas entre suaves cuestas
y entre súbitas mareas, calor, sueño, derivas y fluctuaciones
de una carta que expresa amor o desidia.
Los sanos alimentan la avaricia con sus pasquines
inventariados por largos bigotes sureños, que formalizan
sus foros tan cercanos a la muerte.
Hay vida sin embargo sobresaliendo de un enjambre de rosas
de una primaveral ausencia de aire, de un viento prematuro que
saca las cuerdas de su piano adolescente, aquello tan tierno
de la melodía y el ajuste temporales.
Mis delfines quiebran las patas de las sillas
juegan a inicios de fábricas, fraguas impertinentes
como sueños entre robles o humedales.
Un astro de lejanía indescriptible, crótalos y esos pétalos
que administran las jaurías del oro.
Yo juego con mis astros. Y tú?
©
madejas sonoras que rompen el hastío
estridencias de un solo resorte que emocionan
y un largo canal angosto donde el aire no penetra.
Hay escuálidas figuras anodinas, poblando la tierra
con sus jugos, un cilindro que actúa subterráneo,
y un sinfín de vegetales desechos sobre el asfalto.
Unas cuantas barajas de naipes contaminadas por el hielo,
de otros cielos divinos que adormecen los senos de las piedras,
durmiendo serenamente sobre la estructura de tu espalda.
Hormigas que se toleran con carpetas y documentos,
plumones digeridos por un ave carroñera, termitas rígidas
como cuadros de un genio.
Hay esas vacilaciones prensadas entre suaves cuestas
y entre súbitas mareas, calor, sueño, derivas y fluctuaciones
de una carta que expresa amor o desidia.
Los sanos alimentan la avaricia con sus pasquines
inventariados por largos bigotes sureños, que formalizan
sus foros tan cercanos a la muerte.
Hay vida sin embargo sobresaliendo de un enjambre de rosas
de una primaveral ausencia de aire, de un viento prematuro que
saca las cuerdas de su piano adolescente, aquello tan tierno
de la melodía y el ajuste temporales.
Mis delfines quiebran las patas de las sillas
juegan a inicios de fábricas, fraguas impertinentes
como sueños entre robles o humedales.
Un astro de lejanía indescriptible, crótalos y esos pétalos
que administran las jaurías del oro.
Yo juego con mis astros. Y tú?
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