SHERIDAM
Poeta asiduo al portal
Y la voz retumbaba tan fuerte aquella noche que opaco la oscuridad
y la penumbra invadía mis ganas de seguir.
Me dejó sin fuerzas,
sin ganas de respirar,
sin el contagio de la risa
y ellas...,
simplemente asomaban de la nada en mis ojos,
mojaban sin cesar mis mejillas queriendo ahogar la incertidumbre o quizás queriendo deshacerse de eso que tanto me dolía.
Y seguía gritando, y yo,
tan solo quería alejarme,
quería no ser yo,
tal vez, debía solo apreciarla un poco
y aprender de ella,
tal vez me quería enseñar
y recordarme que era ella la que acechaba mis pasos por doquier.
Cada pierda era ella
y no debiera llorar,
simplemente darle la bienvenida e invitarla a convivir aquí,
aquí debajo de mis miedos,
en el refugió de mis penas,
si finalmente ella es una más,
quizás la que más pesa,
¡pero le temo tanto!...
Es difícil mantenerle la mirada,
no quiero escuchar sus palabras ni el susurro que genera su nombre,
le temo más que a la misma muerte porque me acongoja
y me suprime a lo mínimo,
a no querer volver a intentarlo
a simplemente pensar en no querer estar.
Ella es quien me roba las lágrimas
y aún así me dice que será una larva entre la pudrición de mis intentos,
le temo,
pero quizás me la encontraré durmiendo a mi lado más de lo esperado,
así es ella,
invasiva
y reina cuando quiere,
cuando su voz solo susurra:
"fracaso"...
y la penumbra invadía mis ganas de seguir.
Me dejó sin fuerzas,
sin ganas de respirar,
sin el contagio de la risa
y ellas...,
simplemente asomaban de la nada en mis ojos,
mojaban sin cesar mis mejillas queriendo ahogar la incertidumbre o quizás queriendo deshacerse de eso que tanto me dolía.
Y seguía gritando, y yo,
tan solo quería alejarme,
quería no ser yo,
tal vez, debía solo apreciarla un poco
y aprender de ella,
tal vez me quería enseñar
y recordarme que era ella la que acechaba mis pasos por doquier.
Cada pierda era ella
y no debiera llorar,
simplemente darle la bienvenida e invitarla a convivir aquí,
aquí debajo de mis miedos,
en el refugió de mis penas,
si finalmente ella es una más,
quizás la que más pesa,
¡pero le temo tanto!...
Es difícil mantenerle la mirada,
no quiero escuchar sus palabras ni el susurro que genera su nombre,
le temo más que a la misma muerte porque me acongoja
y me suprime a lo mínimo,
a no querer volver a intentarlo
a simplemente pensar en no querer estar.
Ella es quien me roba las lágrimas
y aún así me dice que será una larva entre la pudrición de mis intentos,
le temo,
pero quizás me la encontraré durmiendo a mi lado más de lo esperado,
así es ella,
invasiva
y reina cuando quiere,
cuando su voz solo susurra:
"fracaso"...
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