Francisco Ruzafa .
Poeta asiduo al portal
Amanecía en una playa del Maresme.
El sol anaranjado, se reflejaba en un mar
quieto, cálido y embrujado.
Diriase que las sirenas buscaban
mis pasos.
Ellas invisibles bajo las aguas.
Yo enamorado del Mar Mediterráneo.
De sus colores e ingravidez bajo las aguas.
Sabía que conquistaría con mi pesca
a una morena.
Aguantaba las frías aguas de invierno
los fines de semana.
Pero vino la contaminación y un largo
y catastrófico desarraigo de la pesca.
Se perdió la fogosidad de ese mar bravío.
Pero aun no ha perdido ese color verde
esmeralda, aveces azul turquesa.
Otras de blanca espuma,
siempre salada sorpresa.
Tampoco se perdió el cariño que le tenía .
Ojala se tomen buenas actuaciones para que pueda regenerarse
y no lo acabemos de perder por no saberlo amar...
El sol anaranjado, se reflejaba en un mar
quieto, cálido y embrujado.
Diriase que las sirenas buscaban
mis pasos.
Ellas invisibles bajo las aguas.
Yo enamorado del Mar Mediterráneo.
De sus colores e ingravidez bajo las aguas.
Sabía que conquistaría con mi pesca
a una morena.
Aguantaba las frías aguas de invierno
los fines de semana.
Pero vino la contaminación y un largo
y catastrófico desarraigo de la pesca.
Se perdió la fogosidad de ese mar bravío.
Pero aun no ha perdido ese color verde
esmeralda, aveces azul turquesa.
Otras de blanca espuma,
siempre salada sorpresa.
Tampoco se perdió el cariño que le tenía .
Ojala se tomen buenas actuaciones para que pueda regenerarse
y no lo acabemos de perder por no saberlo amar...