Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Un brindis por el pájaro que vuela alicaído,
un saludo a las gárgolas que recrean el tiempo,
les debo reverencia y desamor,
lo que nace del viento y se aloja en las venas,
el recuerdo de un mártir, que adultera el deseo
por las últimas vidas de la palabra insulsa,
soldados de fortuna que visitan la plebe,
reyes que solo calan en privado.
Por un último aliento de tu luz,
he podido amarrarme y desatarme,
con la excusa del mármol, he penetrado el césped
de la noche.
Allí, donde el ocaso del presente
suelta lastre,
cerceno mis modales.
Y más lejos aún - Me lo imagino.-
queda solo una estrella que no cabe en el cosmos,
y que el cielo no puede reflejar
en el piélago,
sin futuro,
ausente y rimbombante,
cuya estela procrea el horizonte,
cuyo amor paraliza, ya el deseo,
ya los sueños.
un saludo a las gárgolas que recrean el tiempo,
les debo reverencia y desamor,
lo que nace del viento y se aloja en las venas,
el recuerdo de un mártir, que adultera el deseo
por las últimas vidas de la palabra insulsa,
soldados de fortuna que visitan la plebe,
reyes que solo calan en privado.
Por un último aliento de tu luz,
he podido amarrarme y desatarme,
con la excusa del mármol, he penetrado el césped
de la noche.
Allí, donde el ocaso del presente
suelta lastre,
cerceno mis modales.
Y más lejos aún - Me lo imagino.-
queda solo una estrella que no cabe en el cosmos,
y que el cielo no puede reflejar
en el piélago,
sin futuro,
ausente y rimbombante,
cuya estela procrea el horizonte,
cuyo amor paraliza, ya el deseo,
ya los sueños.