Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Para que un color se vea al completo
no basta con ponerlo entre los dientes
empujarlo con la lengua
soltarlo al aire,
indefenso, sin corriente.
Para que un color se reconozca entre los otros
quizás a él muy parecidos,
no basta con atarle aquí a su sitio
con enseñarle un arcoíris caprichoso.
El color debe aprender a ser modesto
a no querer lucir más que un hermano
a guardar respeto cuando el sol se ausente
a tomar la tristeza de la nube cuando escampe.
El color debe saber humedecer sus labios
para evitar que la luz cuando le bese, se seque.