Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Te puedo decir lo que todos, pero te diré lo que nadie
con las mismas palabras de siempre.
No puedo callar ahora
porque me estoy descosiendo por los bordes,
me está ganando el trigo y me atacan las palomas,
me evidencio latiendo la albumina de tu nombre
donde siempre termino con un hueso roto,
atacado de risa y eufemismos.
Hoy podría enumerar tus estrellas pero prefiero desordenarlas
para contarte el largo cuento de tus cabellos,
la historia que te despeina si te atreves a apagar los faroles
para encender el ombligo de la madrugada.
Te traigo la música en una caja de zapatos
y en tu mano escribo los jazmines con el dedo:
el color lo pones tú cuando sientas su perfume
y te permitas el derroche de socavar tus pétalos
desde su raíz en llama.
No disculpes mi gesto más canalla si te miro y te digiero.
No descontaré tus pechos por abrir tus ojos
porque también me son precisos en los labios y las palabras,
pero admito que tus pestañas de volumen alto
son mejores para tender la pista y bailar descalzos.
Baila con mis ojos hasta encontrar el equilibrio de la danza
para perder el piso y levitar en sábanas.
Soy la cáscara de lo que veo y te estoy viendo solo a ti,
con apetito de cebolla en la mirada
porque te deshojas de la orilla al centro y no te acabas.
Mi corazón se abre siempre con la misma boca que te dice,
que te muerde el corazón en sus zonas aledañas,
apenas en el resplandor de un filo
que me acuchilla la sangre para dejarla en lanza…
Te puedo decir lo que nadie, pero te diría lo que todos;
prefiero que tú hables.
con las mismas palabras de siempre.
No puedo callar ahora
porque me estoy descosiendo por los bordes,
me está ganando el trigo y me atacan las palomas,
me evidencio latiendo la albumina de tu nombre
donde siempre termino con un hueso roto,
atacado de risa y eufemismos.
Hoy podría enumerar tus estrellas pero prefiero desordenarlas
para contarte el largo cuento de tus cabellos,
la historia que te despeina si te atreves a apagar los faroles
para encender el ombligo de la madrugada.
Te traigo la música en una caja de zapatos
y en tu mano escribo los jazmines con el dedo:
el color lo pones tú cuando sientas su perfume
y te permitas el derroche de socavar tus pétalos
desde su raíz en llama.
No disculpes mi gesto más canalla si te miro y te digiero.
No descontaré tus pechos por abrir tus ojos
porque también me son precisos en los labios y las palabras,
pero admito que tus pestañas de volumen alto
son mejores para tender la pista y bailar descalzos.
Baila con mis ojos hasta encontrar el equilibrio de la danza
para perder el piso y levitar en sábanas.
Soy la cáscara de lo que veo y te estoy viendo solo a ti,
con apetito de cebolla en la mirada
porque te deshojas de la orilla al centro y no te acabas.
Mi corazón se abre siempre con la misma boca que te dice,
que te muerde el corazón en sus zonas aledañas,
apenas en el resplandor de un filo
que me acuchilla la sangre para dejarla en lanza…
Te puedo decir lo que nadie, pero te diría lo que todos;
prefiero que tú hables.
22 de agosto de 2020