lover
Poeta adicto al portal
CRISTAL DE LUZ
Un juramento,
ofrenda de lo eterno
un pacto con lo divino,
hoy, ¡Ahora!
una espuela mezquina
en un te quiero,
sangrado
intimo
palpita de destierro.
Un alma aturdida
entre océanos falsos
yace a lo lejos
vacía,
sola, en vil condena.
Pide te abandone.
En lo alto
se aferra un consuelo
un fuego casi extinto,
también su llama
flamea a los tiempos
acariciando la locura.
Un pensamiento
amenaza huir del cosmos
y sus estrellas,
su llamarada antes argenta
tiñe de ocre sus pupilas
y de abismo su destino.
La cristalera triste
se viste desnuda
con carmesí
en su silencio
entre hogueras del dolor
blasfemando al olvido.
Ciervo paraíso de la nada
aviva las tinieblas
el castigo sin reposo
aja la lluvia,
arrebatando esperanza
también lo húmedo de su brisa.
Ahora,
un tímido cristal de luz
en infinitas dimensiones
levita,
el pensar
lo envenena,
la viva sombra
lo castiga
tiznando su alba
con sonora ruina.
Con rota melancolía
se conjura,
un pacto.
Un precio
la ofrenda
que mendiga,
jamás un laurel.
¡Sí! Un calvario camino
negado de valentía.
¡Llegara!
Quizás algún día,
también la muerte
este, arrancara de un soplo
el eco en mi boca,
el juicio prendido de mi mente
y su esencia,
anhelo que a mi alma conjura.
¡El amor!
Dentro de mi habita,
a ti juro,
es Dios mismo
quien jamás
permitirá a la agonía,
se lo lleve.
Un juramento,
ofrenda de lo eterno
un pacto con lo divino,
hoy, ¡Ahora!
una espuela mezquina
en un te quiero,
sangrado
intimo
palpita de destierro.
Un alma aturdida
entre océanos falsos
yace a lo lejos
vacía,
sola, en vil condena.
Pide te abandone.
En lo alto
se aferra un consuelo
un fuego casi extinto,
también su llama
flamea a los tiempos
acariciando la locura.
Un pensamiento
amenaza huir del cosmos
y sus estrellas,
su llamarada antes argenta
tiñe de ocre sus pupilas
y de abismo su destino.
La cristalera triste
se viste desnuda
con carmesí
en su silencio
entre hogueras del dolor
blasfemando al olvido.
Ciervo paraíso de la nada
aviva las tinieblas
el castigo sin reposo
aja la lluvia,
arrebatando esperanza
también lo húmedo de su brisa.
Ahora,
un tímido cristal de luz
en infinitas dimensiones
levita,
el pensar
lo envenena,
la viva sombra
lo castiga
tiznando su alba
con sonora ruina.
Con rota melancolía
se conjura,
un pacto.
Un precio
la ofrenda
que mendiga,
jamás un laurel.
¡Sí! Un calvario camino
negado de valentía.
¡Llegara!
Quizás algún día,
también la muerte
este, arrancara de un soplo
el eco en mi boca,
el juicio prendido de mi mente
y su esencia,
anhelo que a mi alma conjura.
¡El amor!
Dentro de mi habita,
a ti juro,
es Dios mismo
quien jamás
permitirá a la agonía,
se lo lleve.
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