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En un reflejo la muerte acecha

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EN UN REFLEJO LA MUERTE ACECHA



En el desusado equilibrio de la ecuyère

sobre el lomo viscoso del dinosaurio

un reflejo nacido en el ebúrneo cuerno del unicornio

precipitó el fatal desenlace de aquel cuento.

Las fontanas lloraron sus últimas lágrimas de diamante

y sábanas multicolores presumían de haber abrazado

cuerpos ensangrentados por los feroces martirios.

El mar se alzaba brumoso sobre rocas eruptivas

y pájaros de mal agüero arrancaban

los inacabados besos nupciales y sus músicas.

Como en un fragmento de sueño turbulento

olas salidas del lejano confín de las caracolas

dejaban escapar sus mariposas.

Fantasmales las sombras de los acantilados

dibujaban sobre el mar

proyectos de idilios y ocultos arrumacos

en los juegos inocentes de las sirenas lascivas.



Arriba el arrogante nido de todas las concupiscencias.



La ecuyère vuela todavía como una esperanza altiva

ignorando su destino transitorio de ser piedra de blanca cal.

Cuatro caballos como nubes se enjaezan para el tránsito

y el ritmo monocorde de las olas que gimen como goznes oxidados

no suscita el temblor que es a ellos debido.

En súbita procesión pescadores y nereidas

esparcen aromas de heliotropo

para envolver a la ecuyère en su caída

y resucitan gozosos los colores desvaídos

que dan al ocaso su mortal grandeza.



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Ilust.: “Multiplicación de los arcos”. Yves Tanguy. 1954
 
Última edición:
EN UN REFLEJO LA MUERTE ACECHA



En el desusado equilibrio de la ecuyère

sobre el lomo viscoso del dinosaurio

un reflejo nacido en el ebúrneo cuerno del unicornio

precipitó el fatal desenlace de aquel cuento.

Las fontanas lloraron sus últimas lágrimas de diamante

y sábanas multicolores presumían de haber abrazado

cuerpos ensangrentados por los feroces martirios.

El mar se alzaba brumoso sobre rocas eruptivas

y pájaros de mal agüero arrancaban

los inacabados besos nupciales y sus músicas.

Como en un fragmento de sueño turbulento

olas salidas del lejano confín de las caracolas

dejaban escapar sus mariposas.

Fantasmales las sombras de los acantilados

dibujaban sobre el mar

proyectos de idilios y ocultos arrumacos

en los juegos inocentes de las sirenas lascivas.



Arriba el arrogante nido de todas las concupiscencias.



La ecuyère vuela todavía como una esperanza altiva

ignorando su destino transitorio de ser piedra de blanca cal.

Cuatro caballos como nubes se enjaezan para el tránsito

y el ritmo monocorde de las olas que gimen como goznes oxidados

no suscita el temblor que es a ellos debido.

En súbita procesión pescadores y nereidas

esparcen aromas de heliotropo

para envolver a la ecuyère en su caída

y resucitan gozosos los colores desvaídos

que dan al ocaso su mortal grandeza.





Ilust.: “Multiplicación de los arcos”. Yves Tanguy. 1954



Me han encantado las imágenes que evocas en tu poema. Invitan a fantasear con la vida y la no vida...

Abrazos!!

Palmira
 
EN UN REFLEJO LA MUERTE ACECHA



En el desusado equilibrio de la ecuyère

sobre el lomo viscoso del dinosaurio

un reflejo nacido en el ebúrneo cuerno del unicornio

precipitó el fatal desenlace de aquel cuento.

Las fontanas lloraron sus últimas lágrimas de diamante

y sábanas multicolores presumían de haber abrazado

cuerpos ensangrentados por los feroces martirios.

El mar se alzaba brumoso sobre rocas eruptivas

y pájaros de mal agüero arrancaban

los inacabados besos nupciales y sus músicas.

Como en un fragmento de sueño turbulento

olas salidas del lejano confín de las caracolas

dejaban escapar sus mariposas.

Fantasmales las sombras de los acantilados

dibujaban sobre el mar

proyectos de idilios y ocultos arrumacos

en los juegos inocentes de las sirenas lascivas.



Arriba el arrogante nido de todas las concupiscencias.



La ecuyère vuela todavía como una esperanza altiva

ignorando su destino transitorio de ser piedra de blanca cal.

Cuatro caballos como nubes se enjaezan para el tránsito

y el ritmo monocorde de las olas que gimen como goznes oxidados

no suscita el temblor que es a ellos debido.

En súbita procesión pescadores y nereidas

esparcen aromas de heliotropo

para envolver a la ecuyère en su caída

y resucitan gozosos los colores desvaídos

que dan al ocaso su mortal grandeza.



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Ilust.: “Multiplicación de los arcos”. Yves Tanguy. 1954

Excelentes metáforas en esa ciudad de desgarradores paisajes... siempre admirable tu arte de la palabra, querido amigo Miguel, enhorabuena. Un fraterno abrazo, y mis mejores deseos.
 
Mi querida Palmira: Creo que has acertado en tu comentario (lo incierto es que no fuese así): crear imágenes para fantasear debiera ser el objetivo de este tipo de poesía. Fantasear con la vida tan sin sentido en la que nos hemos instalado es una de las pocas liberaciones que nos queda. Me alegra que así lo entiendas. Un cordialísimo abrazo,
miguel
 
un beso de colores desde mi amarillo,
Gracias, mi querida amiga Guadalupe. Afortunadamente nuestro arte está en la poesía, en la palabra poética. Lo digo porque, aquí en España al menos, el color amarillo es un color aciago para los... actores y gentes de la escena. Pero bienvenidos tus besos desde cualquier lugar del arcoiris. Un cordial abrazo,
miguel
 
EN UN REFLEJO LA MUERTE ACECHA



En el desusado equilibrio de la ecuyère

sobre el lomo viscoso del dinosaurio

un reflejo nacido en el ebúrneo cuerno del unicornio

precipitó el fatal desenlace de aquel cuento.

Las fontanas lloraron sus últimas lágrimas de diamante

y sábanas multicolores presumían de haber abrazado

cuerpos ensangrentados por los feroces martirios.

El mar se alzaba brumoso sobre rocas eruptivas

y pájaros de mal agüero arrancaban

los inacabados besos nupciales y sus músicas.

Como en un fragmento de sueño turbulento

olas salidas del lejano confín de las caracolas

dejaban escapar sus mariposas.

Fantasmales las sombras de los acantilados

dibujaban sobre el mar

proyectos de idilios y ocultos arrumacos

en los juegos inocentes de las sirenas lascivas.



Arriba el arrogante nido de todas las concupiscencias.



La ecuyère vuela todavía como una esperanza altiva

ignorando su destino transitorio de ser piedra de blanca cal.

Cuatro caballos como nubes se enjaezan para el tránsito

y el ritmo monocorde de las olas que gimen como goznes oxidados

no suscita el temblor que es a ellos debido.

En súbita procesión pescadores y nereidas

esparcen aromas de heliotropo

para envolver a la ecuyère en su caída

y resucitan gozosos los colores desvaídos

que dan al ocaso su mortal grandeza.



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Ilust.: “Multiplicación de los arcos”. Yves Tanguy. 1954
Para esa liberacion nos quda la fantasia como el mantel capaz
de ofrecernor todo ese concierto de espacios vaporosos. el poema
es intenso y deja un rictus que entre el vapor gozoso va remarcando
la posibilidad de una muerte diseñada. excelente. saludos amables de
luzyabsenta
 

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