ME QUEDO.
Me quedo en la humana
transparencia
de tus ojos
puestos en el silencio
de un ombligo nocturno.
Me quedo, allí donde
se rompe
el deseo y
la niebla es sombra
que adelgaza
los profundos hematíes del tiempo.
Me quedo en la sed blanca
que habitan tus labios
cuando vuelven de la playa.
¡Muchacha bonita!
tan bonita
como el mar tendido
en las ramblas del silencio.
Me nombro en tu boca
que me nombra desde
una hostia apoyada sobre
dos trinos de violines.
Hablan los barcos tu nombre
para quedarse en mis dedos
como un piélago
tendido en el nitroso
Zinc de la mañana.
Me quedo
en los espurios
que suceden en tus rodillas
marcando el bermejo compás
de las uvas.
Me quedo
soñándote
deseándote
haciendo espumas en tus zapatillas
frente a una brisa
aire dulce de caricias.
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Eban
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