SHERIDAM
Poeta asiduo al portal
Me provocas las notas musicales,
Me provocas las ganas de reír sin saber porque,
sin contar con quién.
Me lleno de momentos inexistentes,
nunca vividos,
del rocío que jamás vio mi amanecer,
de los sonidos mudos de mi Alma en plena primavera.
Me provocas caminar en los rincones de las llamas,
o en el fondo de los mares
o en lo alto de las nubes,
Me derrumba tu mirada,
esa,
la que ya no veo,
la que me dejó la historieta inconclusa en espera del chiste que me haría sonreír.
Se me ocurre que no se me ocurre nada,
que ya no logro unir los detalles
y al borroso brillo de tu voz le clamo más tiempo.
Me provocas recordarte,
saborear tus sabores mientras duermo,
sentir tu palpitar mientras camino
y tu ceño fruncido recordarlo entre las tardes de sol no contempladas.
Se me antoja un tú con chocolate,
una mirada tuya con trocitos de almendra y pedacitos de pan tostado con olor a tu perfume.
Me compraré un cuarto de esperanza para untarlo en tus sentidos
y comerlo bebiendo una taza del café de tus ojos,
así pasaré la tarde,
ya que de todo lo que me provocas, es poco lo que mis riquezas logran conseguir.
Se me antoja una canción desesperada en plena primavera,
histórica,
arenosa,
húmeda y con los fantasmas de las guerras susurrando en mi oído tu nombre que no olvido.
Contare los centavos de piel que me quedan para intentar desantojarme de por lo menos un momento más contigo.
Me provocas las ganas de reír sin saber porque,
sin contar con quién.
Me lleno de momentos inexistentes,
nunca vividos,
del rocío que jamás vio mi amanecer,
de los sonidos mudos de mi Alma en plena primavera.
Me provocas caminar en los rincones de las llamas,
o en el fondo de los mares
o en lo alto de las nubes,
Me derrumba tu mirada,
esa,
la que ya no veo,
la que me dejó la historieta inconclusa en espera del chiste que me haría sonreír.
Se me ocurre que no se me ocurre nada,
que ya no logro unir los detalles
y al borroso brillo de tu voz le clamo más tiempo.
Me provocas recordarte,
saborear tus sabores mientras duermo,
sentir tu palpitar mientras camino
y tu ceño fruncido recordarlo entre las tardes de sol no contempladas.
Se me antoja un tú con chocolate,
una mirada tuya con trocitos de almendra y pedacitos de pan tostado con olor a tu perfume.
Me compraré un cuarto de esperanza para untarlo en tus sentidos
y comerlo bebiendo una taza del café de tus ojos,
así pasaré la tarde,
ya que de todo lo que me provocas, es poco lo que mis riquezas logran conseguir.
Se me antoja una canción desesperada en plena primavera,
histórica,
arenosa,
húmeda y con los fantasmas de las guerras susurrando en mi oído tu nombre que no olvido.
Contare los centavos de piel que me quedan para intentar desantojarme de por lo menos un momento más contigo.
Última edición: