Cien poemas para el alma II

pequeña anie

Poeta que considera el portal su segunda casa
Bajo la lluvia de la luna escondida
yacen los pies pesados, descalzos,
la princesa se postraba rendida
ante quien debía besar sus pasos.

Edificando en tierra movediza
con sueños que había cultivado,
entre besos no sentió la paliza
y a su alma había esclavizado.

Amaste pero ¿Quién te amó?
injusto, ni tú misma lo hiciste,
viendo el golpe el daño no viste
y al final la traición te venció.

Con el fango en el pecho herido
hubo tregua y la pena finalizó,
de pie, con el corazón erguido
la dama en fiera se convirtió.

Ya sin cadenas, conoces el amor
las sonrisas florecen sin temor,
no te cuesta dar pasos al futuro
y tu camino se ha vuelto seguro.



 

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