Remo
Poeta recién llegado
Desorbitada la espiga, desnuda en la bahía cuando
la frazada y el júbilo ruedan sacudiendo el sereno,
rasgando aquellas que no eran trigueñas,
dos de cuatro, pero ocho de seis, la no poca esencia
que se desfogaba por la terraza cayendo y
perfilando la flecha que decae del capullo y
es arrastrada por el fulgor tardío del temprano oasis,
arribó tarde; arribó, no llegó; llegará y
cuando arribe no arribará más.
Sollozo; llanto a contraluz, el trigo agitado es por
el equinoccio, noviazgo oscuro pero dorado;
en verano el romance es semejante,
no del todo solemne, clarísimo al instante
el precipicio se asoma y por el patio trasero
la semilla es arrebozada. Montar en tierra el pastizal.
la frazada y el júbilo ruedan sacudiendo el sereno,
rasgando aquellas que no eran trigueñas,
dos de cuatro, pero ocho de seis, la no poca esencia
que se desfogaba por la terraza cayendo y
perfilando la flecha que decae del capullo y
es arrastrada por el fulgor tardío del temprano oasis,
arribó tarde; arribó, no llegó; llegará y
cuando arribe no arribará más.
Sollozo; llanto a contraluz, el trigo agitado es por
el equinoccio, noviazgo oscuro pero dorado;
en verano el romance es semejante,
no del todo solemne, clarísimo al instante
el precipicio se asoma y por el patio trasero
la semilla es arrebozada. Montar en tierra el pastizal.
Última edición: