BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Alzando levemente los ojos
observando lentitudes de paisajes
sucediéndose vertiginosamente:
piezas de relumbrón, conquistas del espacio
al aire que las lleva, los objetos de las tiendas;
y ese tenue mordisqueo de los labios
entre dos amantes ficticios, bajo la lluvia y los paraguas.
Y surgiendo del sueño, tritón desaparecido o ausente,
en cantidades ingentes, la pimienta, la sal, el estallido
de las flores, en el cansancio de la mañana, temprano.
Todavía quedará algo tras esta pantalla?
Mi cerebro acumulará por siempre, y para qué, las baratijas
del fin del mundo?
Yo voy con mi espejo de cada instante, estival
en las espadas que cruzan mi camino, fúlgido resplandor
violento azotando las calles aún dormidas-.
©
observando lentitudes de paisajes
sucediéndose vertiginosamente:
piezas de relumbrón, conquistas del espacio
al aire que las lleva, los objetos de las tiendas;
y ese tenue mordisqueo de los labios
entre dos amantes ficticios, bajo la lluvia y los paraguas.
Y surgiendo del sueño, tritón desaparecido o ausente,
en cantidades ingentes, la pimienta, la sal, el estallido
de las flores, en el cansancio de la mañana, temprano.
Todavía quedará algo tras esta pantalla?
Mi cerebro acumulará por siempre, y para qué, las baratijas
del fin del mundo?
Yo voy con mi espejo de cada instante, estival
en las espadas que cruzan mi camino, fúlgido resplandor
violento azotando las calles aún dormidas-.
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