Teo Moran
Poeta fiel al portal
Se aciertan las costuras del alma
debatirse con las promesas del amor,
las astillas secas del viejo nogal
ser el alimento del sinuoso camino,
el charco vacío que por una gota fría
es laguna en las yemas de tus dedos.
Debe ser que la constancia del río
es apresada por la certeza del mar,
debe de ser que una lágrima tibia
da fuerzas en la desidia de lo fugaz,
y todo en su conjunción ser parte
de unas palabras dulces de amor
que un día lejano tú y yo nos dijimos
sin más esperanza que la del instante.
Tras aquella puerta cerrada el universo,
equidistante y almibarado nos cubrió
con la bóveda celeste de la pasión,
y aquellos plataneros desvirtuados
en la esfinge maldita del acantilado
también entonaron sus armónicas isas,
en lo alto el volcán infinito hace vigilia
a los amantes que dieron rienda suelta
a la melodía enamorada de su corazón,
para los que el tiempo es un bien escaso
en la curvatura de un cielo inmortal,
donde el perder o ganar está en los besos
de unos labios inalcanzables y dulces,
donde la patria queda limitada a la piel
y a las curvas de la mujer que se ama…
¡Porque aún a día de hoy no sé muy bien
como llegaste a mi vida desordenada!
No sé muy bien como mis pensamientos
se unieron en uno solo y en su locura
se hicieron fuertes con tu recuerdo,
el cual con sus pétreos e insondables
sentimientos me lleva y me hace débil
el latido en el capricho de un suspiro,
porque amarte en cada instante efímero,
en la más severa dificultad de la ausencia,
en la esperanza cautiva de nuestra alma,
sé que la promesa de amor se hará piel,
que las golondrinas se adueñarán del cielo
y los que navegamos en un mar de papel
seremos tras la sombra de los plataneros,
bajo las esquirlas de unas gotas de cristal
unas palabras sencillas dueñas de la verdad,
un pliego antiguo de hermoso recuerdos
donde las promesas serán los dulces besos
que sedientos nos dimos y dejamos caer
en la caligrafía de nuestros cuerpos
donde el amor es un instante eterno.