Incitaciones

Ricardo López Castro

*Deuteronómico*
El sol vapuleaba los instintos,
secuaces desubicados del ánimo,
como un espejismo de cemento
contra el que fundir la sombra.

Dentro de los astros escupía las órbitas;
como una fantasía inanimada,
el hombre fue trazando su estructura
como un depredador que no siente hambre.

Y los recuerdos más lejanos
tomaron forma de pasión,
con un frenesí compacto y macizo,
como el que traslucen los espejos
que tan solo emiten una única apariencia.

La lluvia sobre el descampado,
creciendo entre los charcos,
como una especie de agua mansa,
sin marca ni estigma,
pero con la conmemoración ancestral de los cálices,
recipientes donde salvaguardar la sangre del asfalto,
cálida como un hielo recalcitrante,
vacía como una habitación sin ventanas.

Allí surgió tu cuerpo,
entre la humedad,
alumbrado y cegado por el agua,
envolvente y raudo,
como un sonido que no viaja.

Y la similitud elemental del fuego y el polvo
curtieron tu carácter.
Y tu esencia imprimió el destino,
afín a la escasez de tacto.

Me quedé con el molde de tu piel,
después del eco que generó mis dudas,
como una cueva construida con voz
-Justo desde allí se calló todo mi cuerpo.-.
 
El sol vapuleaba los instintos,
secuaces desubicados del ánimo,
como un espejismo de cemento
contra el que fundir la sombra.

Dentro de los astros escupía las órbitas;
como una fantasía inanimada,
el hombre fue trazando su estructura
como un depredador que no siente hambre.

Y los recuerdos más lejanos
tomaron forma de pasión,
con un frenesí compacto y macizo,
como el que traslucen los espejos
que tan solo emiten una única apariencia.

La lluvia sobre el descampado,
creciendo entre los charcos,
como una especie de agua mansa,
sin marca ni estigma,
pero con la conmemoración ancestral de los cálices,
recipientes donde salvaguardar la sangre del asfalto,
cálida como un hielo recalcitrante,
vacía como una habitación sin ventanas.

Allí surgió tu cuerpo,
entre la humedad,
alumbrado y cegado por el agua,
envolvente y raudo,
como un sonido que no viaja.

Y la similitud elemental del fuego y el polvo
curtieron tu carácter.
Y tu esencia imprimió el destino,
afín a la escasez de tacto.

Me quedé con el molde de tu piel,
después del eco que generó mis dudas,
como una cueva construida con voz
-Justo desde allí se calló todo mi cuerpo.-.
Todo un privilegio leer tu poesía, saludos poeta. DESIRE
 
El sol vapuleaba los instintos,
secuaces desubicados del ánimo,
como un espejismo de cemento
contra el que fundir la sombra.

Dentro de los astros escupía las órbitas;
como una fantasía inanimada,
el hombre fue trazando su estructura
como un depredador que no siente hambre.

Y los recuerdos más lejanos
tomaron forma de pasión,
con un frenesí compacto y macizo,
como el que traslucen los espejos
que tan solo emiten una única apariencia.

La lluvia sobre el descampado,
creciendo entre los charcos,
como una especie de agua mansa,
sin marca ni estigma,
pero con la conmemoración ancestral de los cálices,
recipientes donde salvaguardar la sangre del asfalto,
cálida como un hielo recalcitrante,
vacía como una habitación sin ventanas.

Allí surgió tu cuerpo,
entre la humedad,
alumbrado y cegado por el agua,
envolvente y raudo,
como un sonido que no viaja.

Y la similitud elemental del fuego y el polvo
curtieron tu carácter.
Y tu esencia imprimió el destino,
afín a la escasez de tacto.

Me quedé con el molde de tu piel,
después del eco que generó mis dudas,
como una cueva construida con voz
-Justo desde allí se calló todo mi cuerpo.-.


Cuanta emoción en estos versos, un gusto leerte, saludos!
 

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