Eduardo Cevallos de Labra
Poeta fiel al portal
Una música tenue
la atmósfera invade;
las luces cromáticas
comparsa le hacen.
Nuestros cuerpos unidos,
sensuales e inquietos,
en la pista se mueven;
todo gira a nuestro alrededor.
Unas parejas llegan,
otras se van;
enlazados seguimos,
suave; muy suavemente.
Los velos de azabache
por doquiera esparcidos están;
de los cigarrillos, su humo;
el alcohol faltar no podía.
10, 20 minutos,
perdido he la cuenta.
Todo maravilloso,
en éxtasis transita.
Nuestros almas y alientos,
asociados. La filarmónica de
Acapulco, las palabras mitiga;
pero no las requerimos.
Recargado en su hombro,
percibo la grata fragancia
de su brillante
cabellera, de oro teñida.
Zapatillas; medias de seda,
ligueros y microprenda,
todos de transparente color…
¡Cartabón de ilusiones ignotas!.
De pronto me despierto
y en mi recámara me hallo.
¡Qué sublime fantasía; algún día,
algún día haré realidad!.
la atmósfera invade;
las luces cromáticas
comparsa le hacen.
Nuestros cuerpos unidos,
sensuales e inquietos,
en la pista se mueven;
todo gira a nuestro alrededor.
Unas parejas llegan,
otras se van;
enlazados seguimos,
suave; muy suavemente.
Los velos de azabache
por doquiera esparcidos están;
de los cigarrillos, su humo;
el alcohol faltar no podía.
10, 20 minutos,
perdido he la cuenta.
Todo maravilloso,
en éxtasis transita.
Nuestros almas y alientos,
asociados. La filarmónica de
Acapulco, las palabras mitiga;
pero no las requerimos.
Recargado en su hombro,
percibo la grata fragancia
de su brillante
cabellera, de oro teñida.
Zapatillas; medias de seda,
ligueros y microprenda,
todos de transparente color…
¡Cartabón de ilusiones ignotas!.
De pronto me despierto
y en mi recámara me hallo.
¡Qué sublime fantasía; algún día,
algún día haré realidad!.
