nelson majerczyk
Poeta adicto al portal
Aquí te espero como siempre
con el champán burbujeante
en la esquina del pecho.
Con ese anhelo de verte
a mi lado.
Con la puerta entreabierta
con tantas pisadas pasadas.
Pero no sigas.
Anhelante y diferida.
Déjame reconstruir
tus manos
tu argentina risa
tus zapatos gastados
entreabierta está la puerta.
Allí
apareces
te quitas la ropa
tus zapatos gastados
yaces silenciosa
en la tarde dormida.
Chispeante eclosión
del deseo
aquí silenciosa
desnuda a mi lado.
Pero no entres
no quiero partidas
sábanas desmadejadas
y música de la noche
sin vos.
No llegues
no estés
los ceniceros sucios
el recuerdo rondando.
No vengas
difiere tu entrada
cierra la puerta.
No entres.
La música sonando
la cama intacta
y tú en la puerta,
detenida
con tus zapatos
gastados
tu aire cansino
reconstruyo
tus ojos oliva
tu cintura guitarra
tu perfume lila
las algas negras
del pelo sobre la
almohada.
La fuerza de la ola
el retumbar
en mi esquina
No llegues nunca,
no te vayas.
Difiere, detiene la herida.
Los zapatos cansados
el aire de la noche.
Sin encuentros,
ni despedidas.
con el champán burbujeante
en la esquina del pecho.
Con ese anhelo de verte
a mi lado.
Con la puerta entreabierta
con tantas pisadas pasadas.
Pero no sigas.
Anhelante y diferida.
Déjame reconstruir
tus manos
tu argentina risa
tus zapatos gastados
entreabierta está la puerta.
Allí
apareces
te quitas la ropa
tus zapatos gastados
yaces silenciosa
en la tarde dormida.
Chispeante eclosión
del deseo
aquí silenciosa
desnuda a mi lado.
Pero no entres
no quiero partidas
sábanas desmadejadas
y música de la noche
sin vos.
No llegues
no estés
los ceniceros sucios
el recuerdo rondando.
No vengas
difiere tu entrada
cierra la puerta.
No entres.
La música sonando
la cama intacta
y tú en la puerta,
detenida
con tus zapatos
gastados
tu aire cansino
reconstruyo
tus ojos oliva
tu cintura guitarra
tu perfume lila
las algas negras
del pelo sobre la
almohada.
La fuerza de la ola
el retumbar
en mi esquina
No llegues nunca,
no te vayas.
Difiere, detiene la herida.
Los zapatos cansados
el aire de la noche.
Sin encuentros,
ni despedidas.
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