Bartleby - el alegre
Poeta recién llegado
Serenidad
El mar que refresca las penas
y las enfría, si estamos mucho tiempo,
hasta el tuétano,
una madre que llora por su hijo muerto
en las protestas,
que a diferencia del padre
sabe que quien fuera el culpable no importa,
las lágrimas siempre se disipan
entre una nube de arena.
Sin memoria paramos
y en verdad, sin memoria deseamos quedarnos,
llevarnos por la brisa
que confundimos con la velocidad,
estar sentado en un escritorio,
pelearse con el amigo
o con el amor de mi vida.
Tener miedo por qué me hacen creer que eso da miedo,
sentirme libre si soy sincero,
entender que realmente no me importa
lo que sucede con el mundo,
pero que tampoco estoy para causarle daño,
que me gustan los perros y gatos,
que me gusta caminar por la playa de noche,
que también por la tarde,
que ya a mis años
solo quiero estar tranquilo como una tortuga de Galápagos.
Que el mundo lo entiendo
como se debería entender el fútbol,
de pases certeros y goles anotados,
no más, pues no existe premio para el que solo habla.
Preparo café en la madrugada,
y si mi casase y tuviese más de tres hijos
no habría problema,
Tom Waits siempre andará tocando sobre su piano,
y cuando menos me dé cuenta
todo será parte de un sueño,
efímero e inquietantemente agradable.
El mar que refresca las penas
y las enfría, si estamos mucho tiempo,
hasta el tuétano,
una madre que llora por su hijo muerto
en las protestas,
que a diferencia del padre
sabe que quien fuera el culpable no importa,
las lágrimas siempre se disipan
entre una nube de arena.
Sin memoria paramos
y en verdad, sin memoria deseamos quedarnos,
llevarnos por la brisa
que confundimos con la velocidad,
estar sentado en un escritorio,
pelearse con el amigo
o con el amor de mi vida.
Tener miedo por qué me hacen creer que eso da miedo,
sentirme libre si soy sincero,
entender que realmente no me importa
lo que sucede con el mundo,
pero que tampoco estoy para causarle daño,
que me gustan los perros y gatos,
que me gusta caminar por la playa de noche,
que también por la tarde,
que ya a mis años
solo quiero estar tranquilo como una tortuga de Galápagos.
Que el mundo lo entiendo
como se debería entender el fútbol,
de pases certeros y goles anotados,
no más, pues no existe premio para el que solo habla.
Preparo café en la madrugada,
y si mi casase y tuviese más de tres hijos
no habría problema,
Tom Waits siempre andará tocando sobre su piano,
y cuando menos me dé cuenta
todo será parte de un sueño,
efímero e inquietantemente agradable.
