Y, por cuanto, viviendo y viviendo...
viviendo y bailando;
se reúnen los perros orejeros,
y los sabuesos de los colores…
los galgos, por las cálidas tabernas…
y, por esas tantas veces,
que me comido, con mantequilla,
mi necedad…
y yo, marcho a morir, a sus carnes lozanas…
a sus amaneceres selváticos...