Nat Guttlein
さん
Hola,
hacía mucho tiempo que no nos encontrábamos.
Y hacía demasiado rato que no veía,
en definición HD tu sonrisa.
La que siempre suele colarse,
entre los recuerdos míos que son tan tuyos.
Las noticias y las redes han "evolucionado",
si entre comillas.
El mundo se volvió una disputa,
entre quién tiene más o quién tiene menos,
y demasiado blanco o negro.
No ha cambiado mucho.
Todas las tardes,
o mejor dicho principalmente cuando no hace frío,
suelo salir al patio.
Me siento en uno de aquellos bancos de cemento,
que contienen anécdotas infinitas entre sus grietas,
a pensar mucho de todo un poco pero demasiado en nada.
Un día como hoy,
que me levanto y miro mi reflejo en el espejo,
un poco más decaído de lo normal o de lo debido con veintidós años,
se me ocurre recordar aquellos versos pasajeros que recitabas.
Las melodías que cantabas,
con pala y rastrillo bajo el brazo.
Y uno que otro rayo de sol que se colaba sobre tus últimos cabellos.
La melancolía se hace dueña de mis tardes,
y la esperanza de volver a verte en entre mis almohadas,
se apoltrona de lleno sobre mi pecho.
En un momento como éste,
una madrugada de viernes a las cero tres con treinta y ocho,
hago pinceladas artificiales sobre un lienzo invisible,
que lleva como musa,
tu sonrisa acompañada de un azul celeste.
Vos te preguntarás como siempre,
qué ando haciendo yo,
porque esa era siempre tu gran duda al verme.
Yo sigo aquí,
intentando armar rompecabezas sin romperme la cabeza,
escuchando canciones viejas en las noches,
compartiendo mates con mi vieja,
además de uno que otro porrazo contra los cachetes de mi primer sobrino.
Y pensando esa nada que te dije que pensaba,
para encontrarle forma a vos.
A lo que fuiste y lo que sos.
Si mi abuelo,
sí mi mejor amigo,
si mi persona favorita en el mundo,
si mi papá.
Las lágrimas por hay me ganan,
se me arremolinan en el viento y descienden como huracanes.
Se me vuelve a caer otro pedazo de cielo,
y el pronóstico no anuncia lluvia.
El vecino sigue haciendo ruido,
se va a trabajar.
Y la mañana del viernes se anuncia con el gorrión que canta,
sobre la popa de un árbol.
No creo que vayas a volver,
porque sé bien y muy a fondo,
que ya estás acá.
Te escucho porque tu canción es latido.
Te miro porque aquella foto vieja nuestra,
en donde vos me mirás sonriente y yo observo perpleja,
con un año de vida todo lo que me rodea,
sigue todavía en la repisa.
La eternidad es solo cuestión de tiempo,
de un sonido o hasta de un aroma.
Se transforma en pura agonía o suele tener sabor a remedio.
Sigo pensando en tus chistes,
y se me cuela una risa amarga entre los dientes.
Oh, el sol acaba de comenzar a empañar la noche.
Me hubieses enseñado mucho,
me hubieses retado y exagerado.
En cuestiones de amor seguramente uno que otro secreto,
te hubiese ocultado.
Porque me hubiese dado vergüenza contarte lo poco que he amado,
sin amar realmente a nadie como tu amor gigante por la vida.
Todos los hubiera necesarios para soster tu mano,
cerrar los ojos y seguir.
hacía mucho tiempo que no nos encontrábamos.
Y hacía demasiado rato que no veía,
en definición HD tu sonrisa.
La que siempre suele colarse,
entre los recuerdos míos que son tan tuyos.
Las noticias y las redes han "evolucionado",
si entre comillas.
El mundo se volvió una disputa,
entre quién tiene más o quién tiene menos,
y demasiado blanco o negro.
No ha cambiado mucho.
Todas las tardes,
o mejor dicho principalmente cuando no hace frío,
suelo salir al patio.
Me siento en uno de aquellos bancos de cemento,
que contienen anécdotas infinitas entre sus grietas,
a pensar mucho de todo un poco pero demasiado en nada.
Un día como hoy,
que me levanto y miro mi reflejo en el espejo,
un poco más decaído de lo normal o de lo debido con veintidós años,
se me ocurre recordar aquellos versos pasajeros que recitabas.
Las melodías que cantabas,
con pala y rastrillo bajo el brazo.
Y uno que otro rayo de sol que se colaba sobre tus últimos cabellos.
La melancolía se hace dueña de mis tardes,
y la esperanza de volver a verte en entre mis almohadas,
se apoltrona de lleno sobre mi pecho.
En un momento como éste,
una madrugada de viernes a las cero tres con treinta y ocho,
hago pinceladas artificiales sobre un lienzo invisible,
que lleva como musa,
tu sonrisa acompañada de un azul celeste.
Vos te preguntarás como siempre,
qué ando haciendo yo,
porque esa era siempre tu gran duda al verme.
Yo sigo aquí,
intentando armar rompecabezas sin romperme la cabeza,
escuchando canciones viejas en las noches,
compartiendo mates con mi vieja,
además de uno que otro porrazo contra los cachetes de mi primer sobrino.
Y pensando esa nada que te dije que pensaba,
para encontrarle forma a vos.
A lo que fuiste y lo que sos.
Si mi abuelo,
sí mi mejor amigo,
si mi persona favorita en el mundo,
si mi papá.
Las lágrimas por hay me ganan,
se me arremolinan en el viento y descienden como huracanes.
Se me vuelve a caer otro pedazo de cielo,
y el pronóstico no anuncia lluvia.
El vecino sigue haciendo ruido,
se va a trabajar.
Y la mañana del viernes se anuncia con el gorrión que canta,
sobre la popa de un árbol.
No creo que vayas a volver,
porque sé bien y muy a fondo,
que ya estás acá.
Te escucho porque tu canción es latido.
Te miro porque aquella foto vieja nuestra,
en donde vos me mirás sonriente y yo observo perpleja,
con un año de vida todo lo que me rodea,
sigue todavía en la repisa.
La eternidad es solo cuestión de tiempo,
de un sonido o hasta de un aroma.
Se transforma en pura agonía o suele tener sabor a remedio.
Sigo pensando en tus chistes,
y se me cuela una risa amarga entre los dientes.
Oh, el sol acaba de comenzar a empañar la noche.
Me hubieses enseñado mucho,
me hubieses retado y exagerado.
En cuestiones de amor seguramente uno que otro secreto,
te hubiese ocultado.
Porque me hubiese dado vergüenza contarte lo poco que he amado,
sin amar realmente a nadie como tu amor gigante por la vida.
Todos los hubiera necesarios para soster tu mano,
cerrar los ojos y seguir.