Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Que si el amor se elige, que se vaya con ella,
ella, la del aliento roto y envasado
a sus necesidades -Tan abruptas e ignotas.-.
Que la tenga en su gloria, tan rota y tan abierta,
porque ella, en este mundo, no sabe lo que quiere.
Que le instruya en la fe que profesa,
tan leve e inofensiva.
¿Cuándo podré alcanzarla?
En sus manos está.
He dado infinitud de razones sin lógica
para olvidar, también, para redescubrirme.
He penetrado el pecho equivocado.
Mi cerebro no admite ni asume nada mío.
Porque yo:
Tengo mi corazón que dice:
No llegará jamás la sangre al río.
Si la quieres sal fuera de mi cuerpo.
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