Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Lo primero que le pongo a mis palabras cuando escribo
son las alas,
mucho antes incluso que las tildes
escurridizas y molestas moscas
cambiantes de los sentidos a su antojo,
antes también que las haches
cuya voz nadie conoce
pero imprescindibles en la foto su presencia.
Las alas sostienen las palabras en el aire,
son oxígeno,
impiden que se oculten en los nidos de la garganta
temerosas a pasar desapercibidas
entre árboles y flores,
como murciélagos que nadie ha visto nunca,
huidas del color,
sin que nadie aprecie la majestuosidad de su vuelo
sin que nadie las recoja si tropiezan
ante obstáculos que seguro apareceran,
ante la duda que seguro cobrará sus multas,
ante ese tiempo perdido en los desmayos
suspendido en finales frente al abismo,
ante esos cascarones blancos
que son ellas mismas
fracturadas,
de los que se burlan
algunos de sus mayores
que olvidan,
que no se puede volar sin antes haber caído.
Lo primero que les pongo a mis palabras cuando escribo
son las alas,
lo primero que les digo:
“tened miedo, sí
nunca dejéis de volar sin embargo”.
son las alas,
mucho antes incluso que las tildes
escurridizas y molestas moscas
cambiantes de los sentidos a su antojo,
antes también que las haches
cuya voz nadie conoce
pero imprescindibles en la foto su presencia.
Las alas sostienen las palabras en el aire,
son oxígeno,
impiden que se oculten en los nidos de la garganta
temerosas a pasar desapercibidas
entre árboles y flores,
como murciélagos que nadie ha visto nunca,
huidas del color,
sin que nadie aprecie la majestuosidad de su vuelo
sin que nadie las recoja si tropiezan
ante obstáculos que seguro apareceran,
ante la duda que seguro cobrará sus multas,
ante ese tiempo perdido en los desmayos
suspendido en finales frente al abismo,
ante esos cascarones blancos
que son ellas mismas
fracturadas,
de los que se burlan
algunos de sus mayores
que olvidan,
que no se puede volar sin antes haber caído.
Lo primero que les pongo a mis palabras cuando escribo
son las alas,
lo primero que les digo:
“tened miedo, sí
nunca dejéis de volar sin embargo”.