En sombras

Alberto J. Pacheco Buezo

Poeta recién llegado
Desde los altos cielos, ha venido llamativa,

vi su par de ojos marrones y yo he venido a casarlos.

Luz mía iluminada,

como su apellido materno encierra la palabra “Bello”,

pero luz libre para quererme y darme vientos.

Un corazón que desea fundirse en el suyo

y darle ciencia de amores;

de noche a noche entronarle,

imperial en mi corazón,

su mano para siempre tomaría.

De sol a sol adorarle como Dios

que me ha pintado azul la sangre.

Mi agraciada entre las sombras,

que digno soy de serle azúcar

y que digna es de ser adorada;

de serme miel

que poco yo para ser del cielo oriundo

y que cruel es San Valentín

para vincularle la pasión a la mía.

Tal vez solo debe creer y

será mi atardecer cada fecha,

sea digna, ante nos, de ser mía,

y déjeme que le proteja,

déjeme obsequiarle cada flor de cada campo

y ver realizados los sueños más recónditos de su merced.

Aunque ahora viene el mundo y dice

mis sueños son que pase de mí,

el heredero de Comayagua,

que no hayan campos florecidos para mí,

que no haya protección de mis brazos.

Y respondo seguro que

en el poniente volveré para usted,

para que le demuestre afecto.

Y volverán los besos secretos

encierros oyendo el agua fluir

y los cuerpos jugar a unirse

mientras el pecho se desboca en paz

y las almas están donde deben estar

la suya, entre la mía.
 
Desde los altos cielos, ha venido llamativa,

vi su par de ojos marrones y yo he venido a casarlos.

Luz mía iluminada,

como su apellido materno encierra la palabra “Bello”,

pero luz libre para quererme y darme vientos.

Un corazón que desea fundirse en el suyo

y darle ciencia de amores;

de noche a noche entronarle,

imperial en mi corazón,

su mano para siempre tomaría.

De sol a sol adorarle como Dios

que me ha pintado azul la sangre.

Mi agraciada entre las sombras,

que digno soy de serle azúcar

y que digna es de ser adorada;

de serme miel

que poco yo para ser del cielo oriundo

y que cruel es San Valentín

para vincularle la pasión a la mía.

Tal vez solo debe creer y

será mi atardecer cada fecha,

sea digna, ante nos, de ser mía,

y déjeme que le proteja,

déjeme obsequiarle cada flor de cada campo

y ver realizados los sueños más recónditos de su merced.

Aunque ahora viene el mundo y dice

mis sueños son que pase de mí,

el heredero de Comayagua,

que no hayan campos florecidos para mí,

que no haya protección de mis brazos.

Y respondo seguro que

en el poniente volveré para usted,

para que le demuestre afecto.

Y volverán los besos secretos

encierros oyendo el agua fluir

y los cuerpos jugar a unirse

mientras el pecho se desboca en paz

y las almas están donde deben estar

la suya, entre la mía.
Una recreacion que vagando entre sus fluidos aun se ancla en ese vuelo
sensorial del amor. todo concluira asi en lo mas desmenuzado de las
esencias unicas. excelente. saludos afectuosos de luzyabsenta
 

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