Lexema
Poeta que considera el portal su segunda casa
Déjame abrirme paso
en la tormenta de tus labios,
partir tus olas embravecidas
y surcar tus lomos
en flor dispuesta
Aprovechemos del sol
la bronceada puesta
para dibujarnos la piel,
Como se viste el astro de oro
Así, quememos toda la vergüenza,
seamos uno con la naturaleza
del amor y este romanticismo
embriagador, se funda por el bullir
de nuestra sangre
De esta noche amenazada
de estrellas fruncidas,
hagamos el edén
sin temor a ser echados,
sin esconder las pieles,
y sin que haya traición.
Pidamos perdón al silencio
amo y señor de la noche
y sin escatimar derroches,
déjame abrirme paso
por las columnas que
sostienen tu esbeltez.
en la tormenta de tus labios,
partir tus olas embravecidas
y surcar tus lomos
en flor dispuesta
Aprovechemos del sol
la bronceada puesta
para dibujarnos la piel,
Como se viste el astro de oro
Así, quememos toda la vergüenza,
seamos uno con la naturaleza
del amor y este romanticismo
embriagador, se funda por el bullir
de nuestra sangre
De esta noche amenazada
de estrellas fruncidas,
hagamos el edén
sin temor a ser echados,
sin esconder las pieles,
y sin que haya traición.
Pidamos perdón al silencio
amo y señor de la noche
y sin escatimar derroches,
déjame abrirme paso
por las columnas que
sostienen tu esbeltez.
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