Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
En un principio no hubo diferencias
el mismo color de ojos de otras veces, miraba
parapetado detrás de sus pestañas
con el mismo brillo,
sin ningún poder en especial o mágico
que lograra derretir el hielo,
hacer estallar bombillas en sus cápsulas
de incipientes estrellas que colgaban del techo.
El calor seguía siendo el de antes,
sin cambio significativo en grados,
sin instantes para prender la chispa
o interrogación con la frente en alto.
En un principio no hubo diferencias,
la luz, la cara amable de la noche
con su triunfo de ases en la manga
frente al fuego, ahí seguía
y los abrazos, consumidos lentamente,
no eran despreciados por la llama.
El tiempo, tomó de los segundos su promesa
de alborotarse cuando le llegó el beso
y dejó de ser principio
y continuó la historia
sin más misterio,
que el del soplo de aire que atraviesa el bosque
y deja destellos
apasionados en las letras;
ahí estriba la diferencia,
eso es todo.