Eremita
Poeta recién llegado
Tu nombre
No fueron tus ojos,
de haberlos querido,
los hubiera buscado en mi alma,
en la profunda negritud de la noche.
No fue tu sonrisa,
ni la silueta de tu boca,
No es la bestia que rompe mis barrotes
amenazando probar tu cuerpo blando.
No es mi corazón desbocado,
acechando y espiándote furtivo,
entre mis sentidos, detrás de los árboles.
Es la manera en que escribo para ti
desde mi corazón y mi garganta.
Son mis palabras como fieros guerreros
que esconden mi tristeza.
La hiriente certeza en mis sentidos,
que siento y que me hace vulnerable,
cuando digo tu nombre.
Régulo Briceño
No fueron tus ojos,
de haberlos querido,
los hubiera buscado en mi alma,
en la profunda negritud de la noche.
No fue tu sonrisa,
ni la silueta de tu boca,
No es la bestia que rompe mis barrotes
amenazando probar tu cuerpo blando.
No es mi corazón desbocado,
acechando y espiándote furtivo,
entre mis sentidos, detrás de los árboles.
Es la manera en que escribo para ti
desde mi corazón y mi garganta.
Son mis palabras como fieros guerreros
que esconden mi tristeza.
La hiriente certeza en mis sentidos,
que siento y que me hace vulnerable,
cuando digo tu nombre.
Régulo Briceño
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