BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Que un ventarrón negro
sacuda las sombras y las remueva.
Y en tus ojos de paloma
hágase el prodigio, y todo
me conduzca
de nuevo a tu nada.
Desvanecida ya
por un viento taciturno
los olivares antiguos
buscan tu silueta de primavera;
yo busco tu cuerpo rejuvenecido
y fuerte, entre desiertos y pilares.
Desubicada por los mapas
destronada por el cansancio,
brille la aurora, con su fórmula
de advenimiento.
Sencillez busqué en tus manos,
agua de mil cántaros, rota. Lluvia
busco ahora, perfumada.
Y en algún lugar, un punto inconcreto,
lejos del mar, en montañas y poblaciones
sucesivas, tú, embelleciéndote.
Y salió al mar el pescador
dejando el silencio para más tarde.
Entre sus redes, noctámbulos peces,
los orígenes.
Entre espejos detenida,
tu sombra y la mía, fluyan.
Y se lleve esta placa marmórea,
este silencio de amanecida, agua
turbia y borrosa.
Largas cabelleras te anunciaron.
Como en una ciudad, tu espalda
fue poblándose de luces y caminos.
©
sacuda las sombras y las remueva.
Y en tus ojos de paloma
hágase el prodigio, y todo
me conduzca
de nuevo a tu nada.
Desvanecida ya
por un viento taciturno
los olivares antiguos
buscan tu silueta de primavera;
yo busco tu cuerpo rejuvenecido
y fuerte, entre desiertos y pilares.
Desubicada por los mapas
destronada por el cansancio,
brille la aurora, con su fórmula
de advenimiento.
Sencillez busqué en tus manos,
agua de mil cántaros, rota. Lluvia
busco ahora, perfumada.
Y en algún lugar, un punto inconcreto,
lejos del mar, en montañas y poblaciones
sucesivas, tú, embelleciéndote.
Y salió al mar el pescador
dejando el silencio para más tarde.
Entre sus redes, noctámbulos peces,
los orígenes.
Entre espejos detenida,
tu sombra y la mía, fluyan.
Y se lleve esta placa marmórea,
este silencio de amanecida, agua
turbia y borrosa.
Largas cabelleras te anunciaron.
Como en una ciudad, tu espalda
fue poblándose de luces y caminos.
©