Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cierro mis ojos por no ver cosas indebidas,
no escucho para no caer en la tentación,
mi boca es una tumba de donde no salen frases bonitas
para ninguna mujer que no sea la leona de mi corazón.
Mi pulso se detiene cuando nos despedimos,
nunca he visto un atardecer que no sea en tu pecho,
mañana quedó de venir el beso que nos dimos
para platicar conmigo del color de tu cuerpo.
El café de las mañanas me mira sonriente
sabiendo que te pienso a cada instante,
hazme un favor y no salgas de mi mente
que eres mi habitante favorito de este país humeante.
A las cosas se les llama siempre por su nombre
y cuando hablo de ti sólo te llamo amor,
no hubo jamás una mujer más linda para un hombre
que la chica que duerme conmigo en mi habitación.
Que los demás padezcan de envidia de ver que te beso
y que propongan por ley que sea prohibido soñarte,
tu nombre irá conmigo hasta mi último aliento
dirigiendo los pastos de este reino ambulante.
Cierro los puños de mis manos y los guardo así
para no acariciarte con dedos manchados de suciedad,
suciedad,
tus labios perfectos y tus ojos dos finos rubíes
que le restan un par de décadas a mi edad.
El café de la tarde me mira sentarme contigo
esperando el momento de mojarse en tu boca,
a estas alturas da lo mismo quién de los dos gane el partido
mientras siga cayendo a mis pies toda tu ropa.
Que los demás mueran de envidia por ver que te beso
y que si ocurre un crimen, muera mi pez en tu cuerpo.
no escucho para no caer en la tentación,
mi boca es una tumba de donde no salen frases bonitas
para ninguna mujer que no sea la leona de mi corazón.
Mi pulso se detiene cuando nos despedimos,
nunca he visto un atardecer que no sea en tu pecho,
mañana quedó de venir el beso que nos dimos
para platicar conmigo del color de tu cuerpo.
El café de las mañanas me mira sonriente
sabiendo que te pienso a cada instante,
hazme un favor y no salgas de mi mente
que eres mi habitante favorito de este país humeante.
A las cosas se les llama siempre por su nombre
y cuando hablo de ti sólo te llamo amor,
no hubo jamás una mujer más linda para un hombre
que la chica que duerme conmigo en mi habitación.
Que los demás padezcan de envidia de ver que te beso
y que propongan por ley que sea prohibido soñarte,
tu nombre irá conmigo hasta mi último aliento
dirigiendo los pastos de este reino ambulante.
Cierro los puños de mis manos y los guardo así
para no acariciarte con dedos manchados de suciedad,
suciedad,
tus labios perfectos y tus ojos dos finos rubíes
que le restan un par de décadas a mi edad.
El café de la tarde me mira sentarme contigo
esperando el momento de mojarse en tu boca,
a estas alturas da lo mismo quién de los dos gane el partido
mientras siga cayendo a mis pies toda tu ropa.
Que los demás mueran de envidia por ver que te beso
y que si ocurre un crimen, muera mi pez en tu cuerpo.