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Un mundo gira en sus bordes

Anna Politkóvskaya

Poeta fiel al portal
Sedientos o tranquilos, un mundo gira en sus bordes
por el que a veces transita la palabra que,
rompiendo silencios y soledades,
nace a la luz como música o solo su apariencia.

Son la llave más íntima cuando dos cuerpos entrelazados
sangran la pasión de las flores
o llagas reclamando besos palpitantes a la vida.
Y como dulces cerezas,
que seducen al ocaso y al alba,
acunan sonrisas y calman el llanto sellando heridas
o mudos de dolor
acallan los recuerdos que queman
o si surgen serpientes, insectos y maldades
es porque el deseo se corrompe
y con inocencia ya no pueden besar
ni gritar con lengua inagotable donde el amor habita.

Y como corazones ahogándose en la ausencia
saben a vino agrio y se arrastran por el suelo
besando calaveras y el rostro del huracán
o escupen veneno que, como el viento oceánico,
perfora y aniquila extensiones,
o se arman de olas para la batalla
si la vileza, reino del patriarcado y parapeto del cobarde,
hace que crezca el alijar;
mas cuando adquieren la urdimbre del cielo,
vierten como un filo de luz desde sus comisuras alegres
sueños o estrellas de universos insondables.

Bien sabe el poeta camino del exilio
que ha de guardarlos por si vuelve.
 
Última edición:
Sedientos o tranquilos, un mundo gira en sus bordes
por el que a veces transita la palabra que,
rompiendo silencios y soledades,
nace a la luz como música o solo su apariencia.

Son la llave más íntima cuando dos cuerpos entrelazados
sangran la pasión de las flores
o llagas reclamando besos palpitantes a la vida.
Y como dulces cerezas,
que seducen al ocaso y al alba,
acunan sonrisas y calman el llanto sellando heridas
o mudos de dolor
acallan los recuerdos que queman
o si surgen serpientes, insectos y maldades
es porque el deseo se corrompe
y con inocencia ya no pueden besar
ni gritar con lengua inagotable donde el amor habita.

Y como corazones ahogándose en la ausencia
saben a vino agrio y se arrastran por el suelo
besando calaveras y el rostro del huracán
o escupen veneno que, como el viento oceánico,
perfora y aniquila extensiones,
o se arman de olas para la batalla
si la vileza, reino del patriarcado y parapeto del cobarde,
hace que crezca el alijar;
mas cuando adquieren la urdimbre del cielo,
vierten como un filo de luz desde sus comisuras alegres
sueños o estrellas de universos insondables.

Bien sabe el poeta camino del exilio
que ha de guardarlos por si vuelve.
Siendo un sentimiento corrompible debe ser visto en todo momento como en su inocente inicio. Un beso, Anna.
 
Sedientos o tranquilos, un mundo gira en sus bordes
por el que a veces transita la palabra que,
rompiendo silencios y soledades,
nace a la luz como música o solo su apariencia.

Son la llave más íntima cuando dos cuerpos entrelazados
sangran la pasión de las flores
o llagas reclamando besos palpitantes a la vida.
Y como dulces cerezas,
que seducen al ocaso y al alba,
acunan sonrisas y calman el llanto sellando heridas
o mudos de dolor
acallan los recuerdos que queman
o si surgen serpientes, insectos y maldades
es porque el deseo se corrompe
y con inocencia ya no pueden besar
ni gritar con lengua inagotable donde el amor habita.

Y como corazones ahogándose en la ausencia
saben a vino agrio y se arrastran por el suelo
besando calaveras y el rostro del huracán
o escupen veneno que, como el viento oceánico,
perfora y aniquila extensiones,
o se arman de olas para la batalla
si la vileza, reino del patriarcado y parapeto del cobarde,
hace que crezca el alijar;
mas cuando adquieren la urdimbre del cielo,
vierten como un filo de luz desde sus comisuras alegres
sueños o estrellas de universos insondables.

Bien sabe el poeta camino del exilio
que ha de guardarlos por si vuelve.


Gracias por tu poesia, que dice tantas cosas que quise decir alguna vez y no alcanzaron mis palabras, pero ahí permanecen encriptadas, quizás como bien dices en tus versos finales...

Bien sabe el poeta camino del exilio
que ha de guardarlos por si vuelve.

Un gusto leerte, Anna
Isabel
 
Sedientos o tranquilos, un mundo gira en sus bordes
por el que a veces transita la palabra que,
rompiendo silencios y soledades,
nace a la luz como música o solo su apariencia.

Son la llave más íntima cuando dos cuerpos entrelazados
sangran la pasión de las flores
o llagas reclamando besos palpitantes a la vida.
Y como dulces cerezas,
que seducen al ocaso y al alba,
acunan sonrisas y calman el llanto sellando heridas
o mudos de dolor
acallan los recuerdos que queman
o si surgen serpientes, insectos y maldades
es porque el deseo se corrompe
y con inocencia ya no pueden besar
ni gritar con lengua inagotable donde el amor habita.

Y como corazones ahogándose en la ausencia
saben a vino agrio y se arrastran por el suelo
besando calaveras y el rostro del huracán
o escupen veneno que, como el viento oceánico,
perfora y aniquila extensiones,
o se arman de olas para la batalla
si la vileza, reino del patriarcado y parapeto del cobarde,
hace que crezca el alijar;
mas cuando adquieren la urdimbre del cielo,
vierten como un filo de luz desde sus comisuras alegres
sueños o estrellas de universos insondables.

Bien sabe el poeta camino del exilio
que ha de guardarlos por si vuelve.
Los inicios de ese alijar marcan la diferencia, en una lucha interna expresar
el silencio como un germen sutil donde lo mas sublime se enciende.
excelente. saludos afectuosos de luzyabsenta
 
Gracias por tu poesia, que dice tantas cosas que quise decir alguna vez y no alcanzaron mis palabras, pero ahí permanecen encriptadas, quizás como bien dices en tus versos finales...

Bien sabe el poeta camino del exilio
que ha de guardarlos por si vuelve.

Un gusto leerte, Anna
Isabel

Gracias a ti, amiga poetisa, por tu exquisito comentario.
Saludos afectuosos y mucha salud.
 

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