Octaviano Mundo
Poeta recién llegado
Estabas postrada; bajo un neón luminoso.
Arrugada; expuesta en la fría avenida,
Como un trapo andrajoso, doblado ante el viento.
La gente caminaba en su quehacer ocioso...
La tenebrosa inmensidad; el cielo adentro,
Sumiendo al pavimento un aura abatida,
A los pies de la tierra; era un charco lluvioso,
Reflejándote en la noche: tú... breve momento.
Y allí, dónde el tiempo depreda y da caza;
Ahí dónde el albor da a luz aguardando,
Y al iris, entre inmortal belleza guiando,
La muerte es la flor camuflada que abraza.
Allá, dónde las calles te son melancólicas;
Tú caminas en lo incierto, y con rumbo vago.
Yo sé que es así, aunque no pueda verte.
Todos surcamos ese océano a nado.
Arrugada; expuesta en la fría avenida,
Como un trapo andrajoso, doblado ante el viento.
La gente caminaba en su quehacer ocioso...
La tenebrosa inmensidad; el cielo adentro,
Sumiendo al pavimento un aura abatida,
A los pies de la tierra; era un charco lluvioso,
Reflejándote en la noche: tú... breve momento.
Y allí, dónde el tiempo depreda y da caza;
Ahí dónde el albor da a luz aguardando,
Y al iris, entre inmortal belleza guiando,
La muerte es la flor camuflada que abraza.
Allá, dónde las calles te son melancólicas;
Tú caminas en lo incierto, y con rumbo vago.
Yo sé que es así, aunque no pueda verte.
Todos surcamos ese océano a nado.
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