Alas de marioneta
Poeta asiduo al portal
Hasta las rodillas de lodo,
hasta las alas de dudas,
hasta las entrañas de hielo,
hasta las palabras que son solo tuyas.
Hasta el menguante crecido,
hasta la luz que vive en ruinas,
hasta la oscuridad de seguirte vivo
si tú estrella errante no me alumbra.
Hasta la sal de mar en mi mar muerto,
hasta las copas de vino llenas de espuma,
hasta el brindis de boda de algún entierro,
hasta el funeral de nadie bajo una luz de luna.
Hasta verte volar, hasta volarnos sin miedo
en barcos de remos, en un mar de plumas,
hasta las nubes de soda de aquel martini seco
cuando te dije te quiero y mi alma se quedó a oscuras.
Y subí a la ventana del quinto infierno
y bajé al sótano de mi ropa de tus caricias
y entré en tu dormitorio vacío de silencio
y rompí a llorar. Quizás pasaron más de tres días.
Crecieron ramas viejas de selvas llenas de miedo
entre los bosques muertos de tus paredes sin las mías.
Con los pies secos, mojados de escarcha de cielo
y las manos vacías, te escribí un 'algún día'.
Con los cristales rotos llené de pendientes mis dedos,
con mis venas abiertas le di carmín a tu sonrisa.
con mi último aire, respiré, Respiré de nuevo
y tú estabas allí, durmiendo tus pupilas.
Te besé tanto como cuando besé tu primer beso,
te quise tanto como cuando no había más cielo allí arriba,
me señalaste una estrella con el norte de tu cuerpo
y al mirarla, vi el futuro en una tierra de segunda vida,
en un mundo donde una vez no supimos nacer los sueños
y donde mañana, para siempre, será siempre todavía.
hasta las alas de dudas,
hasta las entrañas de hielo,
hasta las palabras que son solo tuyas.
Hasta el menguante crecido,
hasta la luz que vive en ruinas,
hasta la oscuridad de seguirte vivo
si tú estrella errante no me alumbra.
Hasta la sal de mar en mi mar muerto,
hasta las copas de vino llenas de espuma,
hasta el brindis de boda de algún entierro,
hasta el funeral de nadie bajo una luz de luna.
Hasta verte volar, hasta volarnos sin miedo
en barcos de remos, en un mar de plumas,
hasta las nubes de soda de aquel martini seco
cuando te dije te quiero y mi alma se quedó a oscuras.
Y subí a la ventana del quinto infierno
y bajé al sótano de mi ropa de tus caricias
y entré en tu dormitorio vacío de silencio
y rompí a llorar. Quizás pasaron más de tres días.
Crecieron ramas viejas de selvas llenas de miedo
entre los bosques muertos de tus paredes sin las mías.
Con los pies secos, mojados de escarcha de cielo
y las manos vacías, te escribí un 'algún día'.
Con los cristales rotos llené de pendientes mis dedos,
con mis venas abiertas le di carmín a tu sonrisa.
con mi último aire, respiré, Respiré de nuevo
y tú estabas allí, durmiendo tus pupilas.
Te besé tanto como cuando besé tu primer beso,
te quise tanto como cuando no había más cielo allí arriba,
me señalaste una estrella con el norte de tu cuerpo
y al mirarla, vi el futuro en una tierra de segunda vida,
en un mundo donde una vez no supimos nacer los sueños
y donde mañana, para siempre, será siempre todavía.