BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las letras que saltan
como una bocanada de aire
sobre las estaciones pesarosas
de sal y uniones ficticias,
esas gotas magníficas y la lumbre
de los drogadictos, a altas horas
de la madrugada. En cada cuerpo
brilla la ausencia como un cartón,
de desesperada indigencia. En cada
cuerpo una esquina forma afluentes
de un río que nunca llega a destino
y cobra la esperanza bien cara.
Donde se acumula un incendio
de vida y muerte, y asola la masticación
del núcleo, y remuerde su conciencia
la poblada ondulación del sueño.
Sobre esas desesperadas convergencias,
como pequeños clavos que ardieran,
agotando los sacos de miel o enebro reseco.
En cada respiración, una bocanada
de sangre. La última-.
©
como una bocanada de aire
sobre las estaciones pesarosas
de sal y uniones ficticias,
esas gotas magníficas y la lumbre
de los drogadictos, a altas horas
de la madrugada. En cada cuerpo
brilla la ausencia como un cartón,
de desesperada indigencia. En cada
cuerpo una esquina forma afluentes
de un río que nunca llega a destino
y cobra la esperanza bien cara.
Donde se acumula un incendio
de vida y muerte, y asola la masticación
del núcleo, y remuerde su conciencia
la poblada ondulación del sueño.
Sobre esas desesperadas convergencias,
como pequeños clavos que ardieran,
agotando los sacos de miel o enebro reseco.
En cada respiración, una bocanada
de sangre. La última-.
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