Amada mía:
Yo, que me precié de conocerle en otra vida y de mantenerme al tanto de ella, de su tránsito, de cada detalle en su desarrollo; he podido reconocer, tanto entonces como ahora, su innegable influencia, al punto de no sorprenderme que hayan mudado en mí, no pocas, de sus destacables virtudes.
Es usted la causante de mi actual conducta, de mis nuevos, precisos y altruistas objetivos y de cada uno de los sentimientos que los guían.
Entro en razón de mis antiguos errores y de tanta desmedida inexactitud al otorgarle un sobrevalorado mérito a la consecución de mis egoístas propósitos, en donde proliferaron mi arrogancia y soberbia, tiñendo de su color cada objeto mal habido.
Pero, lejos de sentir conformidad ante esta sorprendente revelación, siento que aún le adeudo un largo andar y una prueba final de mi depurado, legítimo y bien intencionado actual proceder.
Ruego e imploro de usted su magnánima indulgencia para conmigo, pues me he enterado de que han hecho circular alarmantes rumores sobre mi persona por supuestas relaciones indecorosas con madame Lissegier; y que han llegado hasta sus oídos por una "amiga" en común.
Desmiento terminantemente cualquier infundada y mal intencionada información que ella haya podido hacerle llegar. Espero que concluya, al igual que yo, que el móvil para tal impertinencia no es otro más que sus encubiertos celos por aquella relación que yace sepultada en el pasado. Le provengo que reconsidere el hecho de tenerla a ella como una de sus confidentes.
Conozco su estoicismo y apego irrestricto a las buenas costumbres y no quisiera creer que una situación como la anteriormente expuesta afectara de manera negativa nuestra bien lograda comunión.
Entiendo que mis antecedentes erráticos y volátiles juegan muy en contra mía, pero usted ha podido evidenciar los enormes progresos en mi modo de actuar. No me perdonaría que decida usted privarme de su compañia, asunto por el cual no obtendría queja ni reclamo alguno de mi parte, pero sí mucha desazón y angustia en grado creciente.
Si usted me permite, recién ahora me cuestiono si alguna vez fue resuelta en favor mío cualquier empresa que no fuera de otro modo más que anteponiendo mis inenarrables inclinaciones al esgrimirlas con mi ya muy extinto cinismo.
Estoy plenamente consciente de la incomodidad que le han de procurar cada una de mis palabras en este preciso instante. Lo sé porque he descubierto en usted sus dotes de modestia y decoro que, sin embargo, no son inmunes a los agravios y ofensas que tanto gustan al paladar de la distinguida sociedad a la cual caprichosamente pertenecemos.
Sé también, que desestima usted este tipo de manifestaciones e incluso, que ve con cierta benevolencia a quienes envidiosamente los emiten, como es el caso de nuestra ya mencionada "amiga en común" pero que, tratándose de mí, bien pudieran finalmente afectar sus sentimientos.
Puedo imaginarme y hasta confirmar su contrariedad, misma que se manifiesta con la casi imperceptible contracción de su labio inferior - lado izquierdo - y un ligero ademán de su cabeza, como queriendo despedir anticipadamente a su interlocutor.
No obstante, le otorgo el beneficio de la duda. Si finalmente ha de ser esa su respuesta, al atender tales y tan maliciosos comentarios, entendería que no sería más que una esperable reacción, lastimosamente arrastrada por las reminiscentes exigencias de mi antiguo e inmoral apetito y mis posteriores y patéticos signos de arrepentimiento que nada tenían de honestos.
Y, aunque desearía creer que se ha formado usted un juicio de valor condescendiente y a mi favor, también puedo entender que llegue a la conclusión de que ningún convenio, ya sea de palabra o escrito, no merezca otro destino que un aciago desenlace con un elevado nivel de detrimento para su persona.
No me resta, si no, más que dejar en sus manos el veredicto ante esta situación que le genera tanto escepticismo, y si usted me permite, quisiera instarle a que se tome el justo y necesario tiempo para que reposen sus ideas, y vuelva, con toda confianza, a creer en mí.
Le he encomendado a chevalier Dummont hacerle llegar hasta sus manos esta misiva para salvar la barrera impuesta por su distinguido esposo.
Espero que tenga la cortesía y el buen tino de darle una pronta respuesta.
Se despide, renovando sus votos, su adorable canalla.
Yo, que me precié de conocerle en otra vida y de mantenerme al tanto de ella, de su tránsito, de cada detalle en su desarrollo; he podido reconocer, tanto entonces como ahora, su innegable influencia, al punto de no sorprenderme que hayan mudado en mí, no pocas, de sus destacables virtudes.
Es usted la causante de mi actual conducta, de mis nuevos, precisos y altruistas objetivos y de cada uno de los sentimientos que los guían.
Entro en razón de mis antiguos errores y de tanta desmedida inexactitud al otorgarle un sobrevalorado mérito a la consecución de mis egoístas propósitos, en donde proliferaron mi arrogancia y soberbia, tiñendo de su color cada objeto mal habido.
Pero, lejos de sentir conformidad ante esta sorprendente revelación, siento que aún le adeudo un largo andar y una prueba final de mi depurado, legítimo y bien intencionado actual proceder.
Ruego e imploro de usted su magnánima indulgencia para conmigo, pues me he enterado de que han hecho circular alarmantes rumores sobre mi persona por supuestas relaciones indecorosas con madame Lissegier; y que han llegado hasta sus oídos por una "amiga" en común.
Desmiento terminantemente cualquier infundada y mal intencionada información que ella haya podido hacerle llegar. Espero que concluya, al igual que yo, que el móvil para tal impertinencia no es otro más que sus encubiertos celos por aquella relación que yace sepultada en el pasado. Le provengo que reconsidere el hecho de tenerla a ella como una de sus confidentes.
Conozco su estoicismo y apego irrestricto a las buenas costumbres y no quisiera creer que una situación como la anteriormente expuesta afectara de manera negativa nuestra bien lograda comunión.
Entiendo que mis antecedentes erráticos y volátiles juegan muy en contra mía, pero usted ha podido evidenciar los enormes progresos en mi modo de actuar. No me perdonaría que decida usted privarme de su compañia, asunto por el cual no obtendría queja ni reclamo alguno de mi parte, pero sí mucha desazón y angustia en grado creciente.
Si usted me permite, recién ahora me cuestiono si alguna vez fue resuelta en favor mío cualquier empresa que no fuera de otro modo más que anteponiendo mis inenarrables inclinaciones al esgrimirlas con mi ya muy extinto cinismo.
Estoy plenamente consciente de la incomodidad que le han de procurar cada una de mis palabras en este preciso instante. Lo sé porque he descubierto en usted sus dotes de modestia y decoro que, sin embargo, no son inmunes a los agravios y ofensas que tanto gustan al paladar de la distinguida sociedad a la cual caprichosamente pertenecemos.
Sé también, que desestima usted este tipo de manifestaciones e incluso, que ve con cierta benevolencia a quienes envidiosamente los emiten, como es el caso de nuestra ya mencionada "amiga en común" pero que, tratándose de mí, bien pudieran finalmente afectar sus sentimientos.
Puedo imaginarme y hasta confirmar su contrariedad, misma que se manifiesta con la casi imperceptible contracción de su labio inferior - lado izquierdo - y un ligero ademán de su cabeza, como queriendo despedir anticipadamente a su interlocutor.
No obstante, le otorgo el beneficio de la duda. Si finalmente ha de ser esa su respuesta, al atender tales y tan maliciosos comentarios, entendería que no sería más que una esperable reacción, lastimosamente arrastrada por las reminiscentes exigencias de mi antiguo e inmoral apetito y mis posteriores y patéticos signos de arrepentimiento que nada tenían de honestos.
Y, aunque desearía creer que se ha formado usted un juicio de valor condescendiente y a mi favor, también puedo entender que llegue a la conclusión de que ningún convenio, ya sea de palabra o escrito, no merezca otro destino que un aciago desenlace con un elevado nivel de detrimento para su persona.
No me resta, si no, más que dejar en sus manos el veredicto ante esta situación que le genera tanto escepticismo, y si usted me permite, quisiera instarle a que se tome el justo y necesario tiempo para que reposen sus ideas, y vuelva, con toda confianza, a creer en mí.
Le he encomendado a chevalier Dummont hacerle llegar hasta sus manos esta misiva para salvar la barrera impuesta por su distinguido esposo.
Espero que tenga la cortesía y el buen tino de darle una pronta respuesta.
Se despide, renovando sus votos, su adorable canalla.
Última edición: