despertando
Poeta adicto al portal
Qué nunca se acabe el ciprés
ni este día que en Ti es.
Qué tus amorosos sueños
alegren a los más pequeños.
Porque más allá del horizonte
mana el agua de la fuente.
No te detengas, roca,
prosa, ocaso y rosa.
Ahora puedes caminar;
libre, sonora y amena.
Porque no existe el final.
¡Sólo el alfa y omega;
el corazón que se entrega!,
tras los confines de la tierra
o en los collados de la sierra;
o más allá de este horizonte.
Allí suena un himno nuevo
del polo norte al polo sur:
¿no nos mueve un mismo eje?
¡Oh espíritu que nos unes!
Si eres Dios omnipotente;
¿acaso Venus y Neptuno
no fueron tan oportunos?
Eres fruto de toda raza,
¡Oh tribu de este tiempo!,
ámame si aún lo quieres,
pues eres libre para ello.
No destruyas las palabras,
que son sombra de la tuyas.
ni este día que en Ti es.
Qué tus amorosos sueños
alegren a los más pequeños.
Porque más allá del horizonte
mana el agua de la fuente.
No te detengas, roca,
prosa, ocaso y rosa.
Ahora puedes caminar;
libre, sonora y amena.
Porque no existe el final.
¡Sólo el alfa y omega;
el corazón que se entrega!,
tras los confines de la tierra
o en los collados de la sierra;
o más allá de este horizonte.
Allí suena un himno nuevo
del polo norte al polo sur:
¿no nos mueve un mismo eje?
¡Oh espíritu que nos unes!
Si eres Dios omnipotente;
¿acaso Venus y Neptuno
no fueron tan oportunos?
Eres fruto de toda raza,
¡Oh tribu de este tiempo!,
ámame si aún lo quieres,
pues eres libre para ello.
No destruyas las palabras,
que son sombra de la tuyas.