La primera vez que supe de ti, salimos a recibirte.
Cargado con un morral como un avezado marino
vaciaste sobre la cama el recuento de tu viaje.
Descubrí entonces al mayor de mis hermanos.
La primera vez que vi fascinación en tus ojos
fue cuando reías mientras te frotabas las manos,
encantado por el poder del fuego y la escoba
con ja que removías mucho más que sólo tierra.
La primera vez no pude entender por qué
naciste con el don especial de amar el saber,
sin necesidad de sacar algún provecho de él.
Palabra escrita convertida en máximo placer.
La primera vez que quise desarrollar mi memoria
fue después de ver lo que la tuya podía hacer.
Si me interesé por este planeta y su historia
fue porque entre tus libros me dispuse a leer.
La primera vez no pude, o no quise darme cuenta,
que los insultos acaban convertidos en caprichos.
Y tú esforzándote por hilvanar una frase completa.
A nadie nunca hirieron cada uno de tus dichos.
La primera vez que me decepcionó mi egoísmo
fue cuando crecí y tú seguías siendo el mismo.
Como todos los demás decidí darle la espalda
a tu decisión de obedecer a vicios y una falda.
No imaginé verte seducido por las luces
y los sonidos parecidos a una discoteca
Si imaginé verte sumergido entre la luz
y el silencio; en los pasillos de tu biblioteca.
Como presagio del invierno:
"yo cuido mi cuaderno"
Preludio del fin eterno:
"yo escupo mi cuaderno"
Me asombro al descubrir la misma belleza
que más tarde traiciono y ya no me interesa.
Quisiera creer que es una broma del destino.
Que se puede desviar y volver al camino.