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A Teo...

James De la rosa

Juan Carlos Tuñon
I

Sobre la piel donde se besan los antojos,
en esa epidermis donde florecen los cantos de saliva,
en el juego de las manos donde se redondean los deseos,
en la angustia voraz que pide una vez más el sabor de placer.

II

El pecado no es una ocasión, no es el pensamiento
que se desvanece en la calle torcida del deseo.
Es un acto deplorable que después de cometido
ataja por sendas que tapan los muros de las mentiras.
Y pobre pecador, no hay oración que te recoja,
no hay reparación posible cuando has entrado sin llamar
a la casa sucia del resentimiento...

III

Dos padres nuestros y tres aves marías después
cuando el obispo guarda el colgajo que sirvió
para manchar la inocencia, en el banco mira
a ese señor que en la cruz sirve de símbolo
para que algunos salten sobre los pecados ajenos,
para que algunos gocen del eterno perdón
y con el derramamiento, unos sientan alivio
y otros carguen con la pena...
En casa pasan y pesan los silencios como
ángeles torcidos que se estrellan con la niñez
y los pájaros del odio se alimentan de su orgullo...

Dios ha muerto dijo Teo, le mataron cuando robaron mi virtud,
mi alegría, en el templo Teo empieza la misa y mira al Cristo,
y con un silencio doble le hace responsable de su angustia...
Muerto Dios su palabra resuena en la tumba...
 
I

Sobre la piel donde se besan los antojos,
en esa epidermis donde florecen los cantos de saliva,
en el juego de las manos donde se redondean los deseos,
en la angustia voraz que pide una vez más el sabor de placer.

II

El pecado no es una ocasión, no es el pensamiento
que se desvanece en la calle torcida del deseo.
Es un acto deplorable que después de cometido
ataja por sendas que tapan los muros de las mentiras.
Y pobre pecador, no hay oración que te recoja,
no hay reparación posible cuando has entrado sin llamar
a la casa sucia del resentimiento...

III

Dos padres nuestros y tres aves marías después
cuando el obispo guarda el colgajo que sirvió
para manchar la inocencia, en el banco mira
a ese señor que en la cruz sirve de símbolo
para que algunos salten sobre los pecados ajenos,
para que algunos gocen del eterno perdón
y con el derramamiento, unos sientan alivio
y otros carguen con la pena...
En casa pasan y pesan los silencios como
ángeles torcidos que se estrellan con la niñez
y los pájaros del odio se alimentan de su orgullo...

Dios ha muerto dijo Teo, le mataron cuando robaron mi virtud,
mi alegría, en el templo Teo empieza la misa y mira al Cristo,
y con un silencio doble le hace responsable de su angustia...
Muerto Dios su palabra resuena en la tumba...


Una entrega digna de ser desmenuzada para ser degustada de a pocos, como un buen vino. (sin mezclarlo con agua claro...)

Felicidades por el poema.

Saludos,

Palmira
 
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